lunes, octubre 19, 2015

Pequeñas reflexiones del día a día.

Me paso por aquí para seguir contándoos nuestras aventuras y desventuras.
A algunas de ellas hay para dedicarles un post entero pero se que si sigo esperando a que se alineen los planetas para poder encontrar el momento y el lugar no lo hará nunca.

Un mes después de haber empezado las cosas parece que todo va encontrando su sitio. Los peques disfrutan de ir al cole, de sus nuevos amigos y de todo lo que están aprendiendo. Más el nº 3 que el nº 4, que el chiquitín parece haberse resignado por fin a que no va a poder quedarse en casa con nosotros por las mañanas y a que no lo voy a desapuntar de natación hasta que aprenda a nada (que vivimos en una isla, saber nada, aquí es una necesidad) y ahora ha decidido que le gustan. Así que va al cole contento planeando nuevas fechorías con sus nuevos compinches. Le gusta su profe y aunque vive un poco en su mundo y sigue teniendo a su ángel de la guardia al borde del colapso cada diez minutos parece que por fin podemos decir que hemos superado la fase de adaptación.
La niña nº 2 ha descubierto que tantos años de vaguear y de estudiar en el último momento no le va a servir en el nuevo cole y después del descalabro inicial con los primeros exámenes ha decidido que es el momento de ponerse las pilas que tiene mucho que recuperar.
Por el momento ha decidido, por propia iniciativa dejar el móvil en la entrada de casa cuando está estudiando (y es que el whassapp echa humo) y a ver si dura la motivación.

El niño nº 1 la verdad es que es todo un misterio. No tengo ni la más remota idea de lo que pasa en su día a día. Ahora que yo he empezado a trabajar nos vemos menos. Él, que nunca ha sido muy hablador esta pasando una adolescencia de mutismo selectivo en la que casi no nos dirige la palabra y la verdad es que cuando lo hace la mitad de las veces acabamos discutiendo (ozú, que adolescencia nos está dando el niño).

Yo, ya os digo, medio muerta mientras intento adaptarme a esta rutina de locos en la que me levanto a las 7 de la mañana y la mayoría de las veces son más de las 21 cuando puedo sentarme.
Mis jornadas son muy largas, tanto fisicas como mentales, porque aguantar niños (gritos, quejidos, peleas, llantos) tantas horas es agotador también emocionalmente.
Cuando termino en el cole voy corriendo a buscar a mis niños propios para seguir escuchando gritos, quejidos,....
Cuando llego a casa me espera una guarida con mil cosas que preparar. Afortunadamente invertir una parte de mi sueldo en contratar a alguien que venga a ayudarnos a casa ha sido una necesidad pero, aún así, hay mil cosas que no puedo delegar, ir a comprar, llevar a alguno de mis retoños a algún médico, reuniones con tutores, prepararles la ropa del día siguiente, preparales la merienda, ordenar las mil y una cosas que me encuentro tiradas y que si no guardo yo jamás volveré a ver poner lavadoras para que podamos tener las batas del cole listas (la mía incluida). Agotador!!!

Mi colegio, además está bastante lejos de mi casa e invierto mucho tiempo en la ida y en la vuelta.
Esta semana, pero, se presentó la posibilidad de hacer un cambio y trabajar en Palma. Yo dije que si, pero al poco empecé a arrepentirme porque yo estoy bien en este cole, es un cole chiquitín de un pueblo, en donde hay buen ambiente, los niños son majos y las profesoras también. A mi me tratan como a una más y me sentí muy querida y valorada ante la perspectiva del cambio.
Al final el traslado no pudo ser y para mi casi fue un alivio pero me ha servido para subirme la moral un poco por las nubes y para aprovechar para mejorar mis condiciones de trabajo (porque yo lo valgo) y ahora estoy encantada.
Tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta, en un sitio que me valoran y que me tratan muy bien y además soy buena en mi trabajo. Estoy feliz!!!

Al mismo tiempo empiezo a echar mucho de menos Francia. Tan verde, tan tranquila, sin prisas, cenando a las 7 y viendo el atardecer delante del río. Una vida a otro ritmo en donde se puedan apreciar las pequeñas cosas antes de que hayan pasado ya.





3 comentarios:

  1. Según te leía iba pensando: anda que no echará de menos su vida en Francia... Veo por la ultima frase Que efectivamente así es. Normal. Todo tiene sus pros y sus contras, así que ànimo.
    Un beso

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  2. Y lo que yo me canso solo con una... felicidades por lograrlo.

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  3. Ay Elena. Si en Francia hubieras tenido un trabajo, seguro que no hubieras sentido esa "tranquilidad". Eso sin contar con todo lo que pasaste hasta adaptarte, y que ya has medio olvidado ;)

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Gracias por tus comentarios !!!

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