viernes, marzo 13, 2015

La generación de los niños burbuja

El otro día, hablando con una amiga alrededor de un café, me estaba contando que había ido al cumpleaños de un amiguito de su hijo en un chiquipark que, según ella, estaba espantosamente adaptado.
Que las escaleras de las camas elásticas no estaban bien forradas (pero lo estaban), que había un banco en el pasillo para que se sentaran las madres que obstaculizaba, que los círculos rojos adhesivos de la puerta de cristal estaban demasiado altos,...
No digo que no tuviera razón y que todo se puede forrar, acolchar, infantilizar mejor, pero ¿es necesario?.
El mundo está lleno de peligros. Hay cantos, bordes, filos, cristales, tijeras, bordillos, coches, esquinas, escaleras, cajones y piedras por todo y no podemos quitarle todos los obstáculos de en medio.
Lo más práctico es enseñarle los peligros, que aprendan a esquivarlos e intentar que sean un poco más prudentes.
"Pero, en un sitio pensando para niños debería estar más adaptado" - me decía ella.
Y tienen razón pero ¿en qué clase de parques jugabais vosotras cuando erais pequeñas?.
En los que jugaba yo eran un peligro: Columpios de metal llenos de filos, toboganes altísimos que cuando no quemaban, cortaban,... Nada de suelos acolchados, no. ¡Gravilla! Ahí, como los machotes....y sobrevivimos.
Unos con más dificultad que otros, pero lo hicimos!!!.
Los niños tienen que experimentar, caerse para aprender cómo hacerlo bien, porque lo harán muchas veces, pero también aprenderán a levantarse.
Necesitan raspones en la rodilla, chichones y heridas de guerra porque forman parte de la vida y del hecho de crecer.
Deben equivocarse, cometer errores y rectificar, porque no siempre estaremos con ellos para advertirles, quitarle los obstáculos o ayudarles a levantarse.
Tampoco digo que tengamos que dejarle pasear por un precipicio. No , hombre, no. Pero dejémosles que se suban a un tobogán y crucemos los dedos para que no se caigan.
Yo soy la cosa más miedosa que existe. Se me encogía todo cada vez que veía al número 1 subido a cualquier sitio más alto de dos palmos pero sabía que era necesario que se subiera, que existiera la posibilidad de que se cayera y que aprendiera que ahí no tenía que subirse porque se podía hacer daño. Y es que, por mucho que yo lo hubiera dicho mil veces se hubiera acabado subiendo.
Todas las madres estamos llenas de miedos y de dudas. Lo siento, es así, es algo que viene con el carnet. Pero en esos momentos en los que está a punto de darme un colapso me ayuda pensar "¿cómo se hacía antes?". No me refiero solo a cómo lo habría hecho mi madre sino  antes, en general, cuando el modelo de crianza no era tener a los niños metidos en burbujas ni considerarlo como algo frágil que se puede romper y eso me da otra perspectiva.
Que antes los niños se criaban en la calle, que se subían a los árboles, se metían en líos, volvían magullados a casa y hacían peleas de pedradas. Y aún eso no es lo que quiero para mis hijos (yo que quiero saber donde están y que hacen en cada momento) el otro extremo tampoco.


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