viernes, abril 25, 2014

Aprendiendo a nadar (segundo intento).

Como os conté la semana pasada he empezado a ir con el niño nº 3 a la piscina municipal de mi chiquipueblo (recién estrenadita ella) y salgo agotaita, no solo de nadar, que para bien o para mal yo no nado mucho, solo sostengo que el nº 3 no se me ahogue, sino porque es una piscina diseñada con el culo y me cojo unos cabreos que solo los entiendo yo.

Para empezar el parking. A algún lumbreras se le ha ocurrido la genial idea de hacer solo cien plazas de paking en una piscina en donde caben 2000 personas. Jamás hay sitio, ni lo intentes, te tienes que ir al quinto pino para aparcar e irte con bolsa, niño y churro a cuestas hasta la puerta.

Después te encuentras con la fantástica idea de que hay que pagar. Que es normal, no digo que no, pero me repatea el tener que hacer la cola para pagar. ¿No se les ha ocurrido ningún sistema de tarjetas, bonos, yo que se???.
Superada la barrera te encuentras el primer obstáculo: hay que quitarse los zapatos antes de entrar ¿por
qué? Porque sí. ¿Higiene? Y una mierda, luego veréis por qué.
Así que coges bolso, bolsa, churro, tus zapatos, los del niño y al niño en cuestión (y doy gracias al cielo de que ya no llevamos abrigo y de que solo llevo a un niño porque la primera vez que fui casi me da un jamacuco con los dos enanos y todos los trastos) y arrastraté hasta un vestuario que son unas cabinas muy monas que entras por un lado y sales por el otro ya cambiado peeeeeeero, son bastante chiquitas y tienen un banco, sí, pero la mitad de ancho de lo normal y no me cabe el culo (a mi hijo tampoco). Lo tiras todo al suelo, consigues cambiarte de milagro, a la pata coja mientras peleas con el niño nº 3 que deje de darle a la palanquita que abre la puerta para evitar que todo el mundo te vea en paños menores. Lo consigues, sales por la otra puerta y dejas tus trastos en unas taquillas chupitronicas de las que no tengo nada que decir pues es de lo mejorcito de toda la instalación.
Le pongo el albornoz al nº 3, yo cojo el churro y una toalla para mi  y nos vamos a la piscina. ¿Piscina? Donde puñetas está la piscina. El primer día que fui le dí tres vueltas al vestuario (con dos pollitos detrás) para acabar llegando a la conclusión de que la única puerta que me quedaba por mirar era la de los baños. Y, efectivamente, después de los baños está el acceso a la piscina.
Ni un puñetero letrero oigan, ni que lo hicieran a proposito para ver como damos vaueltas en bañador. Como están ahí las duchas entendemos que es allí donde hay que ducharse antes de entrar. Así que quitamos el albornoz y dejo las cosas en.....ni un triste sitio para dejar las cosas. Las dejo encima de un lavabo. El niño tiene frío después de la ducha. Ponemos el albornoz. Y ahora sí, vamos a la piscina.
Nos encontramos con un nuevo obstáculo. Para llegar a ella hay que atravesar un charquito de agua HELADA que a mi me llega a un poco más de los tobillos, pero a mi niño le llega a las rodillas. Vuelve a quitar el albornoz y consigue cruzar el charco.
Resulta que la única piscina pequeña está dividida en dos. Una con carriles ocupada por los cursillistas y otra en plan spa con zona de burbujas y cuellos de cisnes y esas cosas que es una pasada peeeeeeero hay corrientes de esas artificiales. Con lo cual en cuanto suelto al niño para que empiece a nadar tengo que ir a buscarlo tres metros más para allá.
Pero no me rindo consigo encontrar un angulo muerto y ahí puedo enseñar a mi niño a flotar mientras esquivamos pelotas y niños haciendose ahogadillas. Porque parece que donde estamos en en un chiringuito de playa: Señoras con pareo, niñas tomando el sol, abuela con la cámara de fotos, familia merendando bocatas de nocilla, ¿higiene decíais?.

En fin, toda esta odisea para contar que a mi niño nº 3 le queda un pelín para aprender a nada, que ya solo le pongo un dedo en la barbilla y flota. Yo no se muy bien si se hace como lo estoy haciendo yo que me baso en mi propia lógica y en lo que he visto que hacían con sus hermanos mayores. Así que si hay alguna profesora de natación en la sala agradecería un curso express.

3 comentarios:

  1. Ni idea, no me acuerdo cómo aprendí yo, pero tomaré nota, porque este verano le ponemos al delfín a practicar!!

    Besos.

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  2. ¡Pero si ya lo tienes hecho, mujer! Como "consejo" solo puedo decirte que recuerdo perfectamente que yo, y al cabo de los muchos años mis niños, aprendí primero a avanzar buceando, y luego ya a sacar la cabeza. Con eso, para llegar al bordillo si se caen al aguatienes bastante. Por lo menos puedes perder el miedo.
    Menuda piscinita hija. Manda al padre de las criaturitas un día a ejercer, y que te pague en especie, algún regalito por todo el trajín. Y lo que te has ahorrado.
    Sara M.

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    Respuestas
    1. No, si miedo no tiene. Ese es el problema, por eso se tira. No le tiene ni respeto el joio, pero bueno, yo creo que con lo que falta para el verano (sobretodo por aquí, que suele llegar tarde) le enseñaré a sacar la cabeza, digo yo.
      Y lo del padre de la criatura me lo apunto como estrategia extorsionadora para más adelante, jajaja.
      Gracias por los consejos.

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