viernes, marzo 21, 2014

Recordando recuerdos

Supongo que a estas alturas ya os habréis dado cuenta de lo que me gustan a mi las fotos (os acabo de poner pestañita nueva de instagram en el lateral para que lo vayáis viendo las que no lo sepan). Me paso el día con la cámara en la mano persiguiendo a mis retoños que no se dejan hacer una foto ni aunque les soborne (bueno, si les soborno con m&m's) y a mi me tienen frustrada, menos mal que la niña nº 2 colabora, que si no...

Yo no soy de las que después de hacer las fotos las almacena en el disco duro para nada. Es habitual que regale fotos, que haga álbumes con ellas, que haga montajes, o que simplemente me pasee por mis archivos para ver fotos pasadas.

Todo esto viene para deciros que a pesar de que las fotos me encantan hay cosas que solo pueden transmitirse con los videos, pero es que una cámara de video es taaaaan aparatosa. ¡No me cabe en el bolso!.
De todas formas cuando estaba embarazada del niño nº 3 le hice comprar al Sr. Marido una cámara de video que estuviera medio bien para poder ir plasmando como crecían mis retoños, como decía sus primeras palabras, como daban sus primeros pasos, como evolucionaban los mayores como si de Pokemons se tratasen... y sí algún video hicimos.

Igual que, como ya os he dicho, de vez en cuando me gusta ver las fotos, también de vez en cuando ponemos los videos antiguos y eso ocurrió ayer.

Tres horas, tres. Viendo videos y videos (cerca de 300) que comprendían desde algún viaje que hicimos antes de ser tantos, al primer año y medio del nº 4 (el resto aún está en la cámara) pasando por el nacimiento y crecimiento del nº 3 y a los cambios espectaculares del nº 1 y los menos espectaculares de la niña nº2 .

Siempre me sorprende ver la facilidad con la que se me olvidan estas cosas, no los hechos en sí sino las caras, las voces, los gestos. Y siempre me da mucha rabia.
Pero creo que es mágico volver a ver los videos una vez ha pasado el tiempo pues cuando estás ahí no te das cuenta de lo preciosísimos que son tus hijos, las cosas tan dificiles que han aprendido hacer o lo buenos o traviesos que eran (depende del caso).

Me sorprendió sobretodo el niño nº 3 que era un auténtico muñeco y no solo por su aspecto (que también) sino por la carita dulce, la vocecita que tenía cuando le decía "ay, ay, ay" a su hermano pequeño de apenas unos días y le daba cariñitos. ¡Una monería de niño!.
También me sorprendió lo tranquilo y calladito que era el niño nº 4 con lo hiperactivo y escandaloso que es ahora.
De los mayores que ya no grabamos sus monerías fue brutal ver lo mucho que ha cambiado el nº 1 y lo curiosamente poco que ha cambiado la niña nº 2.

Y así estamos hoy, noños perdidos recordando esos videos, esos momentos y esas experiencias.
Os recomiendo encarecidamente que si no lo hacéis ya os pongáis de vez en cuando esos videos o repaséis esas fotos que tenéis perdidas entre carpetas y carpetas. A mi me da un chute de positivismo que espero que me dure mucho (¿o será el sol?).











2 comentarios:

  1. Yo hago como tú...Más en foto que en vídeo, pero también de ese modo...Es curioso que olvidemos los gestos, las voces...cuando durante meses enteros lo hemos vivido intensamente, pero imagino que el cerebro no da para tanto, jajajaja!
    Besos!

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  2. Totalmente de acuerdo, excepto por el final. ¡A mí me entra la depre!
    Por cierto, dentro de dos añitos nos vuelves a decir lo poco que ha cambiado la niña 😉

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Gracias por tus comentarios !!!

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