martes, enero 08, 2013

Síndrome de niño enajenado

Justo antes de acabar el año mis querubines decidieron que se me haría más llevadero si se dejaban dominar por un episodio de locura transitoria en lugar de controlarlo como supongo que hacen siempre.
Alucinada estaba yo de ver a mis benjamines correr como posesos por la casa, zarandeando con las manos al aire y gritando como si les persiguieran cinco horas al día. Si por alguna de esas casualidades alguien se cruzaba en su camino (y era muy a menudo pues somos muchos y la casa no es tan grande) encontraban que la manera más fácil de atajar el problema era embistiendo con la barriga para rebotar después con la fuerza que ellos mismos habían dado y caer de culo (o de boca) en cualquier parte y proceder a llorar desvalidos lo de Pupaaaaa!!! pero en cuanto hacías el además de ir a consolarlos te soltaban lo de "no, corre, corre", se zafaban de tus brazos amorosos (esto lo llevo muy mal) y vuelta a empezar.
Pero no se crean ustedes que el sindrome del niño enajenado se redujo a solo esto, en tres días enumeré diversas hazañas:
- Pintadas de paredes en plan Picasso (típico, pero hasta ahora en mi casa no había).
- Descubrir que los biberones des desayuno pueden usarse para que llueva cola-cao en el cuarto y ahora tengo todas las paredes y juguetes manchados de chocolate (y de boli).
- Afición por el más pequeño de meterse vestido en la bañera mientras la estoy llenando. (Aún no se como ocurre, yo estoy allí).
- Explorar como puede ser de divertido sacar toda la basura de las papeleras que tienes al alcance.
- Aprender a abrir la puerta de la despensa (que va con llave) y robar (o esparcir, dependiendo de si es el nº 3 o el nº 4 todas las galletas que puedas,...

Pero lo peor, lo peor fue cuando el peque (este peque que ha resultado ser más tremendo el solito que los otros tres hermanos juntos) aprendió a salir de la cuna saltando los barrotes.
Se que hay muchos niños que lo hacen y se que incluso muchos de ellos son más pequeños que el número 4. El problema ha sido que el nº 3 lo ha imitado y en lugar de venir al comedor o salir de su cuarto o incluso ponerse a jugar tranquilamente decidieron a la hora de la siesta entrar en crisis y sacaron ABSOLUTAMENTE TODO lo sacable de su cuarto. Consiguieron esparcir los pañales, las toallitas, el contenido de su papelera, todos los juguetes, los edredones, consiguieron incluso arrancar las estanterias que tenían para poner sus cuentos a su altura. Los cuentos..., ay los cuentos, pocos se salvaron de la tragedia. Y yo, que los creía dormidos, cuando entré en su cuarto casi me da un patatus, me contuve el tiempo suficiente de hacer la foto.




Pero el problema no se ha quedado ahí.
Obviamente papá le tuvo que quitar la barandilla y convertir su cuna en cama por el riesgo de que el crio se nos escogorciase y el niño ha sido verse libre y volverse loco. Cada día hay que acostarlo mil veces, cada día tengo que recoger todo, todo, todo lo de su cuarto.
Se acabaron mos sobremesas tranquilas en las que yo aprovechaba para estudiar, o para escribiros o para adecentar mi casa un poco, mis sobremesas ahora son una maratón de escaleras arriba, escaleras abajo, niño en la cuna, niño fuera de la cuna. (jo, y las echo mucho de menos, era mi momento)
Todo esto, lo se, porque yo lo se, lo lía el pequeño pero es el nº 3 el que no le deja dormir así que, ahora que ha empezado el cole nos ha parecido un momento perfecto para que el niño haga la jornada completa en el cole y eche la siesta con sus compañeritos. Juas, juas, juas


2 comentarios:

  1. Jajajaja, muy bien pensado :)
    No veas la que te lían en un momento...
    Besos!

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  2. Me has dejado a cuadros... en la vida me han hecho todo eso mis tortuguitas... será porque son niñas???? la verdad que habeis tomado una buena decisión... a ver si asi vuelve a tranquilizarse.

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Gracias por tus comentarios !!!

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