Mi marido dice que tengo mala suerte, pero lo cierto es que todos los esfuerzos que hago para aprender francés (que reconozco que no son demasiados) se ven frustrados de una manera o de otra.
Por ejemplo, me costó mucho encontrar unas clases que me fueran bien y que las encontrase útiles, pues a pesar de la amplia oferta que tiene el estado de francés para extranjeros, como son casi gratis cuando iba me encontraba a un grupito de gente con ganas de divertirse y de hacer jaleo y no con ganas de aprovechar la clases (y la profesora que se unía, por supuesto) y yo, que tengo que dejar a mis cuatro niños con papá, que tiene que dejar de trabajar para poder quedárselos, pues quiero que por lo menos las clases merezcan la pena.
El caso es que como ya digo, encontré unas, (de pago, que es lo que hay que hacer cuando quieres que algo sea bueno), solo había una compañera más, así que casi eran clases particulares, y aunque solo iba una vez a la semana, yo creía que iba avanzando...pues el caso es que la profe ha decidido que no le sale a cuenta y que suspende las clases, por lo menos hasta el curso que viene o hasta que se apunte alguien más. Apuntarme a otras clases a estas alturas no vale la pena, pues en julio y agosto todo se suspende y por un mes es mucho lío.Así que me he quedado sin clases, como el que se quedó sin abuela.
Pero yo soy cabezona y me decidí a comprarme un libro en Amazon, para poder hacer cosas en casa, que quieras que no, mi marido es francés y puede enseñare algo.
Pues además de que el librito en cuestión tardó un siglo en llegar cuando lo hizo resulto no ser un libro, sino un cuadernillo, así que me ha durado dos tardes (snif, snif).
Pero no queda ahí la cosa. Ya llevamos seis meses aquí y me voy atreviendo a hacer cosas que antes no me atrevía, como pedir algo en alguna tienda, ir a la peluquería yo sola, pedir hora en la consulta del dentista...cosas simples, pero son pequeños pasos y yo me siento orgullosa.
El caso es que, obviamente no lo entiendo todo y me encuentro con la gente más ceporra y menos empática del universo. Pues ¿que haríais vosotros si habláis con un extranjero y no os entiende lo que decíis? Hablar más despacio, decir menos palabras, emplear los gestos.
Aquí no. Me dicen....
- Guachi, guachi, guachi, uh?
Y yo digo:
- Pardon - O lo que es lo mismo - Ein?
Y ellos vuelven a decir:
- Guachi, guachi, guachi, uh?
A la misma velocidad, con la misma vocalización y con las mismas palabras a ver si me ha venido la inspiración divina de repente. Así que es un poco frustrante.
A mí que me habían contado que las personas, por naturaleza son curiosas, comprensivas y colaboradoras cuando se trata de hablar con alguien que hace esfuerzos por entenderte y por hablar tu idioma, que apenas conoce, pero aquí parece que se han saltado ese paso.
A pesar de todo es a veces gracioso ver lo mal que lo pasan, como sufren porque no les entiendes aunque no hagan ningún esfuerzo porque eso ocurra y te encuentras que la gente reacciona de distintas maneras, o te ignoran directamente, pasan la pelota a algún compañero y que se coma él el marrón o resoplan, bufan y hacen aspavientos ante tu cara de "eing" pero pasan a otra cosas y allá te las compongas.
Lo que me mata, lo que si que me resulta frustrante del todo es cuando sí les entiendes, cuando sí les contestas y les haces gestos y les explicas en francés chapurreao y en español básico y aún así no te creen (deben de pensar que soy imbécil y no se lo que digo) y llaman por teléfono a algún compañero que recuerda que sabe español para que te explique lo que tu ya sabes y le responda a la otra lo que tú le acabas de decir.