Pocos días después de estrenar el año tuvimos la visita de mi suegra. Normalmente tengo buena relación con ella y nos tenemos aprecio, pero 10 días completos, con sus días y sus noches, fueron demasiado. Vamos, que me dieron pa tener ganas de estrangularla unas cuantas veces.
Siempre había tenido una opinión de ella como una mujer dinámica, moderna y liberal y es curioso como ha pasado a convertirse en la típica, típica suegra de comentarios picajosos y fuera de lugar.
Se me ha hecho muy, muy largo. Supongo que no ha ayudado mucho de mi marido, su hijo, se encerrase todos los días en su despacho a trabajar porque tenía mucho trabajo acumulado por estos días de traslado y de fiestas y me dejase a mi sola con las fieras y LA SUEGRA.
Ella, en teoría, venía unos días para ayudar a que nos terminásemos de instalar, a quedarse con los niños para que yo me organizara, a hacerme de interprete en los tramites administrativos y demás como buscar un pediatra, conseguirme unas clases de francés,...
Al final ha sido todo un fracaso: Con los trámites no se hacía entender y nos tuvieron toda una mañana bailando de la "marie" (ayuntamiento) a la "prefecture" (que no se que puñetas es, pero que servia para pedir la residencia, que no es el caso). De allí a la santé (como la seguridad social) para que después una señora estúpida nos diga de malas maneras que en Francia, sin trabajo, no hay seguridad social. Y yo, que se que no es cierto pero no se lo puedo explicar, y mi suegra que no sabe imponerse y le va bien todo lo que le digan aunque después se preocupe dos días y te haga preocuparte a tí (joer, haberselo dicho a la tipa). Pero eso sí, le cayó muy bien el funcionario que nos mandó a ninguna parte a perder el tiempo solo porque nos dio un mapa de como llegar.
Después de toda una mañana caminando con un niño en brazos y una suegra que no sabe manejar el carrito del otro niño y quejándose todo el tiempo del frío y del dolor de pies, vi que una y no más, que nos quedábamos en casita y los trámites por teléfono (pero tampoco, al final el pediatra lo ha tenido que encontrar mi marido).
Con los niños tampoco se podía quedar, pues se desesperaba si alguno lloraba y sufría si parecía que a lo mejor, tal vez, el niño número 4 se iba a caer de culo (ahora, que ya solo quiere estar de pie). Entonces lo cogía en brazos para controlarlo y el pobre bebé se retorcía e intentaba zafarse para que lo dejase en el suelo...y ella se quejaba de lo que se movía.
Si intentaba ir a comprar dejándola SOLO con el niño número 4, (que es un santo) porque en mi cutre coche no me caben los dos niños, ella y la compra, se desesperaba y al final mi marido tuvo que dejar de trabajar para ir a socorrerla con la criatura.
Para mi es un completo misterio como han sobrevivido mi marido y su hermano a su infancia, pues no me imagino a esta mujer lidiando con dos niños, cuando mi niño número 4, que es mas bueno que el pan (el número 3 no tanto) la sobrepasa.
Así que al final pasábamos las mañanas de tertulias, encargándome de los bebés, de atenderla a ella, escapándome para poner lavadoras, llevándomela a comprar para no dejarla sola y haciendo la comida con un montón de condiciones alimenticias (que ya os contaré mañana, que eso da para una entrada entera),...
Y claro, tantas horas juntas dan para un montón de suegradas varias.
La cosa ha ido evolucionando desde "ay, que bien, llega algo de ayuda", a "bueno, no lo ha hecho con mala intención", pasando por "tranquila, cállate, que solo quedan 4 días", al "¡Ah!, que se vaya que la mato".
Ahora amenaza con volver en Pascua, pero eso sí, a un hotel.
¿Como me lo tomo? ¿Me ofendo o me alegro?
(Mañana 2ª Capítulo: Suegradas con la comida")