sábado, diciembre 31, 2011

Sobrevivimos a la Navidad

Cuando nos dieron la casa solo cinco días antes de Nochebuena y los muebles nos llegaron dos días después, pensé que no lo conseguiríamos.
Tengo recuerdos difusos de esos momentos. Carreras por todo, cajas por todo, niños berreantes que se te cruzaban en tu camino reclamando un poco de atención (que aún hoy seguimos intentando compensar), comidas y cenas en restaurantes de comida rápida de toda la ciudad (porque extrañamente aquí solo se come de 12 a 14, si te pasas no comes o solo te queda el Mac Donalds). Hacer 27 cosas a la vez y tener dos mil frentes abiertos...
Al mismo tiempo encargar la leña, porque hace un frío que pela, conseguir un árbol ya casi de rebajas, hacer la comprar para poder comer decente en Nochebuena y hacer encaje de bolillos para conseguir comprar los regalos de Papá Noel a tiempo y sin que se enteren (eso sí que es una proeza).
Y de repente y casi sin darnos cuenta  era 24 de diciembre y sí, teníamos todas las cajas colocadas, el árbol, enoooooooorme adornado y en su sitio, la chimenea funcionando, los regalos envueltos y guardaditos y la compra de la comida "especial" hecha.
Era como si hubiesen venido los duendecillos de Papá Noel a ayudarnos o que el milagro de la Navidad existiera (¿?). Y unas narices. Fuimos mi marido y yo como locos y a trabajos forzados de sol a sol. A destajo.
A los pobres niños mayores los tuvimos de cuidadores de los pequeños casi todo el día porque era la manera más práctica de avanzar....Papá Noel les compensaría después (jejeje).

Mi gran reto fue la cena de Nochebuena.
Yo os he contado que no se me da demasiado bien cocinar. Lo que hago me suele salir bueno, pero como no me gusta cocinar, nada, nada, nada pues no tengo mucha práctica, la verdad.
Pero claro, la cena de Nochebuena es sagrada y la de este año más, que tenía que ser especial por ser la primera fuera de España.
Decidí hacer canelones, que a los niños les encanta, pero como dan mucho trabajo no hago muy a menudo ( es decir, creo que los he hecho dos veces).
La dificultad venía añadida a que no tengo horno, porque el propietario de la casa tiene pendiente reformarnos la cocina después de fiestas y aqui, en tierras galas se estila lo de llevarte tus propios muebles, incluido horno.
Pero los canelones solo necesitan horno para calentarnos y gratinar ¿no? y mi supermicroondas tiene gratinador, así que...
La sorpresa vino cuando al leer el modo de preparación de mis maravillosos canelones me doy cuenta de que mi monsieur marido compró unos canelones que son como unos tubos (¿ya no se llevan las laminas de toda la vida?) y que no necesitaban precocción porque SE HACÍAN EN EL HORNO.
Ya no había tiempo de nada, ni de cambiar el menú, ni de comprar otros (que el jura y perjura que solo había esos). ¿Que hago? Pues los hiervo.
Despacito y casi de uno en uno, para que no se peguen meto los tubitos en agua hirviendo mientras preparo el relleno, los saco rapidito, para que no se hagan demasiado y se me rajen.
Primer paso superado, ¿ahora que? A rellenarlos.
Con una cucharita voy metiendo el relleno y ¡oh!, sale por el otro lado. Así que con el tubito en horizontal voy metiendo la cucharita, sin apretar demasiado para que no se raje.
Mi marido se compadece y viene a ayudarme.
Echo la bechamel que es de sobre (tampoco hay que abusar) y espolvoreo con queso rallado, que de eso por aquí hay mucho. Al final ha quedado hasta bonito, solo queda gratinarlo.
Me dispongo a meter los canelones en el micro y....NO CABEN. Casi me echo a llorar.
Como último recurso metí los canelones en una fuente de pastel redonda y los meté en el microondas chorropotocientos minutos, porque eso no gratinaba ni pa dios.
En mi defensa diré, que pese a las dificultades los canelones estaban que te cagas y como fuí buena Papa Noel me trajo todo lo que había pedido.





miércoles, diciembre 14, 2011

Empezando una nueva vida

Hay veces, que la vida te lleva por caminos que no sabías ni que existían. Lugares que nunca pensaste, situaciones que nunca imaginaste...
Y de repente te encuentras en una de esas circunstancias que piensas que "esas cosas solo le ocurren a los demás" y no sabes ni como has llegado allí.
Yo ahora estoy en uno de esos caminos.
Por un millón y medio de motivos (unos más importantes que otros) hemos hecho las maletas, hemos cogido a los niños, lo hemos dejado todo atrás y nos hemos venido a Francia.

Yo, que siempre dije que no podría vivir en otro sitio que no fuera en mi chiquiisla me veo aquí, en Francia, sin entender nada de lo que me dicen estos ultra-mega-educados franceses pero con las esperanzas puestas en que ha sido para mejor.

Este ha sido el motivo principal de porque he estado tan desconectada últimamente.
Primero hubo que hacer 154 cajas (sin exagerar, que las contamos) y desmontar otro centenar de muebles (esta vez sí, exagerando). Hacer trámites de cuadrar fechas, reunir papeles, de colegios, de médicos, despedidas, lágrimas y promesas de vernos pronto.
Una vez en el país vecino hay que encontrar casa, colegio, instituto, papeles y más papeles,...
El futuro no pinta mucho mejor, pues tendremos que deshacer todas nuestras cajas en las visperas de Nochebuena que, además, queremos que sea especial por ser la primera que pasamos solitos. Tendremos que cocinar una suculenta comida de Navidad en una cocina en obras y sin horno (y además con mis escasos recursos culinarios). Tendremos que montar un árbol y encontrar tiempo para poder poner regalos a sus pies.
Y después, una semana antes que en España, los niños empezaran el cole en un idioma que no entienden.

Nuestra conexión a internet en nuestro hogar temporal no es gran cosa, pero he querido tener la ocasión de hacer esta entrada para poder felicitaros las fiestas y poder daros una explicación por mi ausencia, que os lo mereceis.

Me hubiera gustado contaros como solemos celebrar nosotros la Navidad, que hacemos las postales de felicitación nosotros mismos y que metemos dentro una foto de los niños sacada de las 127 de nuestra sesión navideña anual (y única, pues es el único momento que consigo que los cuatro se muestren algo predispuestos) y que esas fotos la familia y los amigos coleccionan de año en año.
Contaros que creamos la tradición de llevar galletas al cole, cada una de ellas envuelta en papel celofán y con un lazo del que cuelga una tarjetita deseando "feliz navidad". Una tradición tan arraigada que los compañeros de la clase de los niños ya las exigen cuando se acercan las fechas.
Pero estas navidades van a ser diferentes, no mejores, ni  peores, pero sí diferentes.
Aún así, eso no es excusa para no desearos unas Feliz Navidad con todo mi cariño. Que el años que entra esté cargado de alegrías y buenos deseos.

Para mi será el comienzo de una nueva vida en todos los sentidos. Os mantendré informad@s, no os lo perdáis, porque promete ser una aventura a lo grande.



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