viernes, julio 22, 2011

Aterrizando



Hace unos días que llegamos de nuevo a nuestra preciosa islita después de unas merecidas vacaciones, como os comentaba en el anterior post. Tal y como supuse necesité después unos días de relax para reponerme del viaje.  La lavadora en cambio no ha parado de moverse desde que volvimos. Pobrecita, cualquier día de estos se me declara en huelga.
Y hoy, recién desayunada, aún en camisón y con un largo día por delante hago primero un alto en el camino para contaros que tal nos ha ido por esas tierras.



La verdad es que no tuve tiempo de contaros nada. Nuestro destino fue Berlín. Mi marido y yo somos bastante viajeros, para mi es que es un vicio, apenas he aterrizado y ya estoy pensando en el siguiente viaje y Berlín era una de las pocas grandes ciudades europeas que nos faltaba por visitar. Ya habíamos hecho lo propio antes con Londres, París, Bruselas, Amsterdam, Madrid (of course),...y teniendo ese pedazo puente aéreo con Alemania debido a la cantidad de teutones que nos invaden cada verano pues había que aprovecharlo.



Los niños "mayores" decidieron que eso de Berlín sonaba muy aburrido y que preferían irse de campamento a la playita. Fue todo un acierto pues se lo pasaron pipa y disfrutaron lo que no hubieran disfrutado allí (y a mí me hubiera dado un jamacuco con tanto niño disperso y aburrido).
Así que después de que la dichosa ley de Murphy que nos persigue hiciera su aparición dandole fiebre al nº 4 dos horas antes de salir nos fuimos a Berlín papá, mamá y los dos bebés ( y dos maletas, dos carritos y dos mochilas,...).
La poca gente con la que hablamos nos contó que en Berlín hay poco que ver, que después del muro y la famosa puerta de Brandenburgo no hay mucho más. Nosotros además investigando un poco descubrimos que podíamos ir a Legoland y al Zoo (que era el más grande del mundo) y eso le sacaría un par de días. Pero para nada. Hay muchísimas cosas que ver. Teniendo en cuenta que nosotros somos un poco bestias viajando, ( el primer día nos cruzamos la ciudad de parte a parte con el consecuente dolor de pies el resto del viaje), que no entendemos lo de ir poco a poco y que además el arte y los museos de arte no nos interesa demasiado y eso nos suele ahorrar mucho tiempo en cualquier ciudad, estuvimos ocupadísimos seis de los siete días que estuvimos ahí.



Es una ciudad que debido a sus guerras han tenido que reconstruir varias veces y eso le da un aspecto curioso ya que los edificios nuevos ultramodernos se mezclan con los antiguos y clásicos, todos impresionantes y majestuosos.



Es una pena que se les recuerde internacionalmente prácticamente solo por la parte gris de su historia: por la segunda guerra mundial, los nazis y el muro de Berlín porque creo que pueden ofrecer mucho más.
Enseñan esa parte de su historia en cualquier esquina y es imposible no tenerlo presente siempre pues paseando por cualquier parte e incluso en los comercios te vas encontrando trozos del muro y una hilera de adoquines atraviesa la ciudad recordando donde estaba. Hay museos en memoria de los judíos y monumentos recordando el holocausto. Después de ver el muro en si, el museo de la historia de Berlín, el Check Point Charlie (y su museo) piensas que debió de ser brutal lo que vivieron y como lo vivieron, que parece mentira que las personas puedan llegar hasta esos extremos y que hay muchas historias de personas individuales y anónimas que fueron héroes o mártires pero que apenas nos ha llegado nada. Me sorprendió mucho la historia de una mujer que consiguió escapar pero retuvieron a sus hijas al otro lado del muro. Desde entonces iba cada día, lloviera o nevase al Check Point Charlie con pancartas a reclamarlas. La historia acabó bien y seis años después se reunieron, otros no tuvieron tanta suerte.



Impactante fue también la historia del primer fugado, el de la foto famosa del soldado que salta la valla, y sobrecogedora la de la primera victima del muro, un chico de 18 años al que hirieron en tierra de nadie y estuvo una hora agonizando porque nadie sabía que hacer.



También te cuenta las historias felices, la de cincuenta y tantos estudiantes que cruzaron el muro cavando un túnel durante dos años, eso sí, perdieron el curso, o la de las dos familias que lo cruzaron con un globo aerostático casero.
También me sorprendió la solidaridad del otro lado (y no la conocía). Les ayudaban no solo cuando ya habían pasado, sino instaban a los soldados con megáfonos a que pasasen , agradecían su "falta de puntería", hacían guardias para recoger a los que lo conseguían, les tapaban entre las multitudes para que no les disparasen, siempre hay historias humanas dentro de la desesperación.



Pero lo dicho, después de visitar varios museos y varios sitios turísticos llega un momento que tu cabeza parece decir "ya no más" y es que mires donde mires hay recuerdos de esos días, museos judíos que cuentan cosas, memorias al holocausto, alrededor del Bundentag hay cruces para recordar a las victimas que murieron intentando cruzar el muro, en lo alto de un edificio que emplean con reclamo turístico por las maravillosas vistas de la ciudad que tiene, está forrado de fotos de la misma historia, solo cuentan su historia, pero esta marcada toda por lo mismo.



Otra cosa que me llamó la atención fue el aspecto gris que tiene todo.
Sabía que los alemanes son muy dados a las cosas sobrias y que además tienen fama de ser pro-ecologistas y recicladores natos. Por eso cuidan mucho sus cosas y les encanta darles un uso infinito antes que comprar algo nuevo, eso hace que les duren muchísimo, pero muchísimo las cosas. Y no me refiero solo a ropa o muebles, sino, el metro, por ejemplo tenia un aspecto de los años cuarenta, (pero en perfecto estado), sus estaciones impecables pero nada modernas. Parecía que te podías bajar en una parada y si cambias la ropa de los usuarios hubieras retrocedido 50 años. En los bares era un poco parecido, el aspecto de las cosas en general daba esa sensación, pero claro, si las cuidan tanto, pues duran un montón, ¿para que renovarlo?.



Lo de viajar con niños tuvo su miga. El primer día nos atrevimos a llevar un carrito y una mochila que pudieran emplear los dos e ir turnándolos al carrito cuando quisieran dormir. No sabíamos como de adaptado a carritos estaban las cosas, la accesibilidad de los sitios turísticos y la verdad es que fue bien, pero es el día que escogimos para cruzar la ciudad de punta a punta llevando a un niño a cuestas y la verdad es que acabamos reventados (que hubiéramos acabado igual de cansados aunque no lleváramos niños a cuestas, pero bueno). El segundo día lo hicimos igual, pero porque teniendo en cuenta los sitios que queríamos visitar pensamos que nos iría mejor (y nos fue mejor). A partir del tercero llevábamos los dos carritos y la mochila en el cesto para sacarla si nos hacía falta.



La verdad es que la ciudad está bastante adaptada, casi todas las estaciones tienen ascensor y con cola para usarlo ¡de carritos!, que eso no pasa aquí, la mayoría de la gente que emplea los ascensores no los necesita.
Y si por lo que sea no había ascensor o no lo encontrábamos siempre había alguien que se ofrecía a ayudar.
Por que otra de las cosas que me llamó la atención es la educación de los Berlineses y eso que a la hora y media de llegar me topé probablemente con la mujer más maleducada de todo Berlín, pero a medida que pasaba el tiempo y nos iban abriendo puertas y ayudándonos a bajar escalones fui cambiando de opinión.



A pesar de que en Berlín no hay mucho que hacer con niños, pues además del Legoland y el Zoo hay un acuarium y poco más la ciudad está perfectamente adaptada para ellos. En todas partes encuentras cambiadores para bebés y salas de lactancia...CON COLA !! En general es algo de lo que podríamos coger ejemplo.
Resumiendo, es un país perfecto para viajar con niños, pero no hay demasiadas cosas para ellos.






8 comentarios:

  1. Berlín también es una de mis ciudades europeas pendientes y yo también adoro viajar, aunque desde que tenemos al peque siempre hemos viajado a sitios tranquilitos y aún no hemos ido a ninguna ciudad grande con él. Será probarlo y la ciudad teutona no parece mala opción!!!

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  2. María (dulcesdetalles)22 de julio de 2011, 12:40

    Bienvenida a la rutina y tienes un premio en mi blog(http://detallesdedulce.blogspot.com/)

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  3. La verdad que suena muy bien vuestro viaje, para haber ido con los peques os habeis organizado muy bien. Me alegro que lo disfrutarais.

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  4. Me ha encantado vuestra crónica y vuestra visión. Lo mio tiene delito porque siendo mitad alemana no conozco Berlin (siempre que voy, voy a casa, y somos de Munich), pero tengo muchas ganas.

    Preciosas las fotos!

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  5. joo me ha encantado!!!
    yo aun no conozco Berlin así que después de leer tu entrada seguro nos animamos.
    Por cierto las fotos son preciosas
    un Abrazo

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  6. Me ha encantado la crónica!!..qué bien organizados para ir con dos pekes y qué valientes!!!...a mí también me chifla viajar, pero con la peke, nos lo pensamos un poco más...aunque viendo lo bien que os lo habéis montado vosotros, nos animaremos más!!!

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  7. Genial!! Se ve que es una ciudad muy bonita... algún día podré saltar e "charco" y visitar todas las ciudades europeas que más pueda en un maratonico viaje de vacaciones ejejej

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  8. Qué preciosas fotos, Elena!
    Saludos :)

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Gracias por tus comentarios !!!

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