lunes, abril 13, 2015

Cuando el pasado te encuentra.

Cuando cumplí 14 años me tocó tomar la primera decisión importante de mi vida como a casi todo el mundo de mi generación. ¿Qué debía hacer una vez terminada la EGB?.
La verdad es que no hubo mucho que decidir. Mis padres ya habían decidido que haría BUP cuando apenas estaba aprendiendo a hablar y hacia ahí habían dirigido siempre mis pasos. Una profesora, además, se encargó de convencer a mi madre de que me metiera en un colegio privado supongo que alertada por los miedos de mi madre de que me juntara con malas compañías y me "torciera".
Yo, que venía de un colegio humilde y "barriobajero" ir a un colegio privado representaba demasiado cambio y no estaba dispuesta. Los valores morales eran diferentes en un colegio que en otro, las cualidades apreciadas distintas y hasta la manera de relacionarse era diferente.
Reconozco que no empecé en ese colegio con demasiada buena actitud. No quería ir y me había formado un montón de prejuicios que desgraciadamente resultaron ciertos. Mi clase estaba llena de empollones, peloteros, hipócritas y materialistas que con mis 14 añitos me parecía lo peor de lo peor. Y así me lo había enseñado siempre en mi otro colegio.

Siendo justos, diré que ellos (sobretodo ellas) tampoco me lo pusieron fácil. Yo era demasiado diferente a ellos  y cuanto más se notaba más orgullosa estaba yo de que fuera así y más distancia se creaba entre nosotros.
Me daba vergüenza ajena oírlas como se criticaban (destriparlas más bien) unas a otras a las espaldas y después se daban dos besos con su mejor cara.
Se me revolvía todo oírles hablar de injusticias y después no tener narices de decir nada y mucho menos de hacer nada.

Visto desde la distancia no creo que fuera la estrategia adecuada pero era demasiado rebelde y demasiado incorformista para que hubiera sido de otra manera. Entendedme, tenía que rebelarme contra el mundo!!!.


Evidentemente no me integré. Me esforcé en hacerme un mundo aparte de esas paredes. Cada día maldecía el tener que estar ahí. Cada principio de curso rogaba a mis padres que me cambiaran de colegio sin éxito. El día que, por fin acabé COU me juré a mi misma que no volvería a poner un pie ahí y lo cumplí. Ni siquiera fui a buscar el título.

Solo hice un par de buenos amigos pero el que siempre me hubiera llevado mejor con chicos que con chicas solo fue un obstáculo más. Ellas me veían como competencia directa y ellos, a veces, malinterpretaban mi amistad. Las pocas amigas que hice se aprovechaban de esa amistad para acercarse a ellos, así que nunca las vi como amistades sinceras (cosas que hacían las adolescentes).

Con el tiempo aprendí a poner distancia, a disimular esas amistades y a manejarlo, pero a medida que ellos fueron echándose novias yo fui perdiendo amigos por el camino. Algunos de ellos muy buenos.

Ahora miro hacia atrás y lo veo diferente. Quizás tendría que haber sido más receptiva y aceptar más su forma de ser con todos sus defectos y sus virtudes (que seguro que algunas tendrían, jajaja), quizás tendría que haber hecho un esfuerzo por integrarme, quizás tendría que haber aprovechado más mi estancia ahí y haber aprendido algo.
Ya no se puede cambiar.

De la mayoría de ellos no volví a saber nada, entre otras cosas porque no quise. Con algunos sí que mantuve un poco más el contacto hasta que la vida, las circunstancias y, como ya digo, las parejas nos separaron.

En los inicios de facebook, con todo su aluvión de reencuentros volví a tener noticias de algunos y se llegó a organizar alguna cena para reunirnos todos a la que no fui.

Pero ahora, que hace 20 años que salimos de ahí se ha puesto en contacto conmigo la única persona que podría revolverlo todo, el único que hizo que no deseara que ese colegio se derrumbara y me dice que lo van a celebrar, que van a hacer una super fiesta y que quiere que vaya, que me ha echado de menos.

Yo no puedo ir, me pilla un poco lejos pero llevo desde entonces con la cabeza en otro sitio, en otra época, rebuscando entre mis fotos, investigando por facebook, reviviendo recuerdos que creía olvidados, acordándome de caras que apenas me suenan y echándolo todo un poco de menos.

Que duro es todo cuando el pasado viene y te da un bofetón en la cara así, sin avisar,  ¿no creéis?


( Y esta soy yo por aquella época). 





viernes, abril 10, 2015

Los cuatro del nº 4

La semana pasada ocurrió un acontecimiento importante en nuestra casa del que todavía no os he hablado: El niño nº 4 tuvo la osadía de cumplir 4 años.

Lo celebramos a lo grande, como está mandao. El viernes llevamos pastel, velas y zumo al cole y le cantaron cumpleaños feliz, joyeux anniversaire y happy birthday to you porque, parece ser que mi chiquitín les obliga a cantar a todos los cumpleaños en varios idiomas.

El sábado tuvimos merendola en casa con los amigos e hijos. Todavía nos es un poco complicado mezclar a la gente que habla idiomas diferentes pero, claro, hacer dos fiestas, una española y otra francófona nos parecía demasiado, pero todo fue bien, la gente se lo pasó bien y nosotros intentamos que todo el mundo se integrara hablara lo que  hablara. El domingo, además, hicimos otra fiesta de cumpleaños en un chiquiparc con los amiguitos del cole, que es lo que a él le hacía ilusión.


Así que nos hemos pasado el finde de fiesta en fiesta, haciendo tartas de cumpleaños, terminándonos los restos de los ganchitos, abriendo regalos y lidiando entre el nº 3 y el nº 4 para que el tema de los regalos  nuevos no fuera el motivo de una guerra fraternal.

Yo, la verdad es que esto de que el peque cumpla años lo llevo regular. Y no es por tener que hacer tres tartas de cumple y 28.000 sandwiches de jamón y queso. Es que, poco a poco me quedo sin bebés.

El nº 4 además es el más bebote, es el que le gusta que le achuchen, que le aplasten los mofletes, que te pide mimitos de vez en cuando y que te dice que te quiere "hasta el final del espacio".
Es el que aparece cada noche en mi cama cargado con su peluche y su almohada y tengo que hacerle sitio a mi lado sabiendo que ya no voy a volver a dormir.
Pero a mí,  en el fondo me gusta. Me gusta oírlo venir mucho antes de llegar a mi cuarto porque el niño delicado no nos ha salido. Me gusta que se me apriete por la noche y me toque la cara para saber que sigo ahí, que me haga caricias por la mañana mientras yo aún estoy dormida y que canturree en cuanto sale el sol porque se aburre y quiere que nos despertemos.

Las consecuencias es que tengo un hombro destrozado y que duermo menos horas de las que debería pero...me gusta.

Papá, con la excusa de que ya tiene cuatro años y es un nene mayor le intenta convencer de que ya tiene que quedarse en su cama y el nº 4 asiente pero sigue viniendo. Yo no le digo nada, en realidad me gusta que venga.

Me quedo sin bebés, e intento que no sea demasiado traumático (para mí). Intento pensar las cosas positivas de esta etapa que hemos comenzado y tiene montones.
Cada día hay alguna razón por la que reírnos a carcajadas con alguna salida de alguno de ellos, alguna reacción, algún razonamiento o algún evento particular.
Como el día en que el nº 4 me dijo al salir del cole que las gallinas cuando hacen caca tienen huevos (así, sin avisar, jejeje) o el niño nº 3 cayó de pronto en que una compañerita suya de clase tiene la cara marrón (es una mulatita preciosa), o hoy que la niña nº 2 tiene su concierto de coral y está nerviosísima de que la vayamos a ver o el nº 1 que me vuelve loca porque el viernes le preparan una fiesta sorpresa de cumpleaños a una "amiga" y ha decidido hacer él el pastel.

Entretenidos estamos y lo que de vayan creciendo es inevitable pero para mí siempre serán mis bebés.


miércoles, abril 08, 2015

Manualideas: Muñequita con plástico mágico.


Hoy una manualidad para los que son un poquito más mayores (no siempre van a ser ideas para los más peques, ¿no?). 
¿Conocéis el plástico mágico? Es una especie de papel en el que puedes dibujar y después meter en el horno y entonces....magia!!! Se encoge, se retuerce, se vuelve loco hasta que se aplana y sale convertido en un broche mucho más pequeño de lo que entró. Si quieres verlo, pulsa aquí

viernes, abril 03, 2015

La excusa del dinero

De  mi Lápiz y pluma me invitó el lunes pasado a participar en el eterno debate de si los niños son caros.
Yo ya dí algunas pistas sobre mi opinión al respecto en este post de hace un par de años. Pero me apetecía profundizar un poco en el tema porque hace poco tuve una conversación con unos amigos que se estaban plateando tener su segundo hijo porque no le gustaba tener un hijo único pero que su principal motivo para no hacerlo era el dinero.
Son una pareja que han tenido que renunciar a muchas cosas a raíz de tener a su primer hijo. La mamá decidió tomarse un par de años de maternidad para poder criar a su hijo y cuando quiso reincorporarse se dio de bruces con la crisis y con el maravilloso sistema español de la conciliación familiar.
Desde entonces han ido haciendo equilibrios entre horarios de trabajos mal pagados, actividades extraescolares, comedores, ayudas familiares,....lo de todos los días.
Ahora que levantan un poco la cabeza. Que el niño por fin ha empezado el cole (que es más barato que la guardería), que ella por fin ha encontrado un trabajo que puede compaginar y que parece que es estable, que él ha tenido un aumento de sueldo... se plantean tener el segundo antes de que el niño sea más mayor y no pueda apreciar las ventajas de tener hermanos pequeños.
Yo escuché atentamente todos sus motivos, sus pros y sus contras, sus dudas, sus miedos ...
Ellos ya saben que yo soy pro familias numerosas, que no me gusta eso de tener hijos únicos porque creo que se pierden una parte importante de la vida y que se aprende mucho de tener hermanos, no solo los hijos, sino también los padres.
Los hijos únicos, lo siento mucho para los que los tengáis, pero se nota. Se nota de lejos. En el colegio lo notábamos y no fallábamos nunca.
Son más paraditos, más inocentes, acostumbrados a que todas las atenciones son para ellos y que los padres acuden volando a su llamada. En el cole no pasaba así y los veías como perdidos que no sabían muy bien que hacer.
Al mismo tiempo también se nota de lejos a los padres de hijos únicos. En los parques son esos que están a dos centímetros de sus retoños, que juegan con ellos en lugar de dejar que los niños jueguen entre sí, que cuando el niño va a caerse la madre ya está  ahí antes de que toque el suelo y también suelen ser los padres más agobiados, más entregados y con más miedo.
(Que nadie se me eche al cuello, es mi impresión).
También opino que al igual que cuando uno se plantea tener un hijo (el primero) no debe plantearse solo tener un bebé sino que tiene que tener en cuenta que va a ser padre toda la vida y que va a ser padre de un bebé, luego de un niño, luego de un adolescente,....al tener un segundo hijo no solo debe plantearse que va a ser el doble de trabajo (como dicen muchos), que van a volver a dejar de dormir, que es más gasto,....ese niño también crecerá y le daréis a vuestro hijo la oportunidad de tener un compañero para toda la vida, ampliar la familia siempre ha de ser positivo.
Aún así,  a pesar de que yo estoy siempre a favor de que la gente tenga hijos, que me encantan las grandes familias con las casa llenas de gente (con sus pros y sus contras) y que creo que tener hijos es siempre positivo, no solo para el futuro inmediato sino para dentro de muchos años, respeto enormemente a aquellos que no quieren tener hijos o que solo quieren tener uno pues prefiero que alguien que no esté preparado no lo tenga que lo tenga "para probar" o por presiones sociales o familiares y que luego se arrepientan.
Lo que no puedo entender es que me pongan excusas que se consideran aceptadas para esconder los verdaderos motivos de porque la gente no quiere tener un segundo hijo (por lo menos mis amigos).
Me decían el dinero, el dinero, pero después me hablaban de que tenían seguro privado, que el niño iba a clases de no se qué y que estaban organizando un viaje para Pascua. Todo muy respetable por supuesto y no voy a ser yo quien les diga en que deben gastarse su dinero pero entonces que no crean que no deben tener un hijo por el dinero, porque no. Que me digan que no quieren cambiar su nivel de vida, vale, que  no quieren tener que renunciar a nada, vale, que en realidad les da pereza volver a empezar con un bebé, también, que no saben si podrán lidiar con dos, que sus prioridades son otras, que no quieren asumir el riesgo,...lo que quieran pero no que no tienen dinero porque un hijo no consume lo mismo que un viaje.
Cierto es también que nuestra manera de enfrentarnos a la maternidad hoy en día es diferente a como lo hicieron nuestros padres y mucha culpa de esto lo tiene internet que nos crea necesidades incomprensibles y admiración a vidas falsas.
Cuando tuve al nº1 (con 21 añitos y sin trabajo) mis únicos gastos fueron el carrito, la cuna, una bañera de plástico (que metía dentro de la grande) y la sillita del coche. Nada de cambiador, lo cambiaba en la cama, nada de esterilizador chupitrónico, hervía los bibes como toda la vida. Nada de intercomunicador dejaba la puerta abierta y agudizaba el oído, ni siquiera compré una minicuna, me apañé los dos primeros meses con el cuco del carrito.
La ropita del primer año fue casi toda regalada, a partir de ahí intentaba comprar en rebajas para la temporada siguiente o los lotes 3x2 que encontraba por catálogo.
Os aseguro que a mi niño nunca le faltó de nada y no creo que hubiera sido más feliz si hubiera tenido un bugaboo y todos esos cacharros que creemos imprescindibles y que apenas nos duran nada.
Mi situación cambió al cabo de unos años y obviamente para mis hijos pequeños si que compré algunas de esas chuminadas porque me lo podía permitir pero desde luego ese no hubiera sido el motivo principal por el que me hubiera decidido o no a la hora de tener más hijos.
Siempre aconsejo lo mismo: Si de verdad quieres tener otro hijo, si de verdad crees que más adelante te arrepentirás de no haberlo tenido, tenlo.

El Diario Down, un hermano para Francisco

Vaya rollo os he metido. ¿Que pensáis?.

miércoles, abril 01, 2015

Manualidea: Huevos de Pascua



Ya sabéis que nos gustan más las fuestas que aun tonto un lápiz. Que celebramos las nuestras, las galas y las que nos inventamos. Esta es solo una más: Decoración de huevos de Pascua para todo el mundo.
Esta vez hechos por los niños y con barro, como a ellos les gusta. Marranear, amasar, pintar....vamos allá!.
Como siempre para ver el paso a paso haced click aquí.

lunes, marzo 30, 2015

Se alquila

Me compré un piso justo en el mejor momento (antes de la subida y de la posterior crisis) con la idea de que iba a vivir ahí para siempre. Elegí un piso grande, cerca de casa de mis padres con una terraza posterior para que mis hijos (por entonces solo dos y pequeñitos) jugasen.
La idea era ir reformándola poco a poco e ir poniéndola a nuestro gusto. Queríamos ir poco a poco pero poner materiales de calidad que nos duraran mucho tiempo, pero todo era taaaaan caro que solo nos dio tiempo de hacer la cocina (que apenas estrené) y me separé.
El piso me lo quedé yo y lo fui pagando como podía (sola, con dos trabajos y dos niños hacía lo que podía). Desde luego, lo de las reformas pasaron a un segundo plano y entonces la vida me cruzó con mi marido.
Él no quería vivir en esa casa y yo lo comprendí, pero tampoco quería deshacerme de ella, así que nos buscamos otra los dos de alquiler y mi piso lo alquilé.
Los primeros inquilinos, de los que pedí referencias, avales, etc.. eran un matrimonio jovencísimo con dos niños pequeños. Él era el hijo de los dueños de un bar del barrio al que yo había ido a desayunar más de una vez.
Todos mis intentos de salvarme las espaldas no sirvieron para nada y al año se fueron dejándome el piso completamente destrozado. Todo lo que les gustó se lo llevaron, lo que no, lo rompieron, se llevaron mis cuadros, mis muebles y hasta mis plantas. Dio igual que les denunciara, el justicia es muy curiosa y dijo que no podía probar que los desperfectos se hubieran hecho a propósito (seguro que también se llevaron mis muebles sin querer).
No saqué nada y me sentí muy frustrada, no solo por lo que me habían hecho a mi, sino porque se habían salido con la suya y se lo harían al próximo.
A 15 días de dar a luz al nº3 pensé que yo no estaba para ocuparme del piso, no podría encargarme de arreglar los despefectos, no podría enseñarlo con un niño recién nacido . Así que se lo dí a una agencia pensando que eso me daría alguna garantía de que escogerían bien al inquilino. Esta vez un matrimonio de mediana edad con dos hijos adolescentes.
Al año y poco la pareja se separó (el 100% de las parejas que viven ahí se separan, lo cual no deja de ser curioso) y dejaron de pagar. Escarmentada por los inquilinos anteriores los llevé a juicio. La agencia se desentendió con un millón de disculpas y al inquilino le entró miedo y pagó in extremis.
Desde entonces el padre, que fue el que se quedó el piso con los hijos, ha ido pagando como ha podido. Da la sensación de que se le ha juntado una mala racha con unas pocas luces y se esta metiendo en una pelota de la que no puede salir. Cada vez pagaba más tarde, necesitaba préstamos para poder pagar, hasta que finalmente me llama y me dice que se va a otro piso y que ha dado como fianza mis dos últimos meses del alquiler.
He tenido que ir a Mallorca en un viaje express (y por supuesto, no por placer) para que me de las llaves y ver en que estado me ha dejado el piso, que, otra vez es bastante deplorable: Un pequeño incendio en la cocina, aquella que casi no estrené, tres cristales rotos y dos puertas rotas, todos los muebles para tirar,....pero lo que más me sorprende es la suciedad, ¡Vivían ahí! y aparentemente eran una familia normal de trabajadores, como han podido tener un piso tan, pero tan tan sucio.

Pasado el susto inicial me ha tocado coger al toro por los cuernos y contratar pintores, obreros que me tiren todos los muebles, que me arreglen las pequeñas cosas, que hagan una limpieza en condiciones y que le laven la cara para volverlo a alquilar.
Yo me encuentro en un dilema. El piso sigue estando viejo, sigue necesitando una reforma. No puedo pedir mucho por ese piso y me da la sensación de que quien venga siempre lo dejaran peor porque no puedo esperar mucho de personas que aspiran a un piso "barato" (que se que no quiere decir nada, pero mi experiencia es así). No se si reformarlo y alquilarlo más caro pensando que los nuevos inquilinos sean "mejores" arriesgándome a equivocarme y meter dinero que después se cargarán igual, reformarlo y directamente venderlo a pesar de no sacar nada limpio pues entre la hipoteca, los impuestos y las deudas que me dejan los inquilinos no sacaré nada, seguro o alquilarlo tal cual está y cruzar los dedos a que el siguiente sea mejor.
¿Qué pensáis?.


La parte buena de todo esto ha sido el viajecito express a Mallorca, el poder tomarme un café al solecito, que me suelten piropos por la calle, que eso solo se hace aquí y la satisfacción de poder resolver todo el embrollo yo sola, a una velocidad de espanto y sin entrar en colapso (por poco).

viernes, marzo 27, 2015

De cougars y toy boys

Cougar: Según la wikipedia "cougar" es el término que se usa para definir a las mujeres que buscan pareja bastante más joven.

Acabo de terminarme el nuevo libro de Britget Jones, "Loca por él". Recuerdo haber leído los dos primeros de un tirón mucho antes de ver las películas y me resultaron muy divertidos. Las peripecias de una soltera treintañera a la caza de pareja me parecían muy ocurrentes aunque no me sintiera para nada identificada (yo tenía pareja y dos hijos y mi vida y mis problemas no se parecían en nada a los de Britget.

Ahora, en este nuevo libro se supone que han pasado 20 años. Britget es una madre soltera de mediana edad que lucha por encontrar su sitio y rehacer su vida.
Empieza una relación con un toy boy (me mató la palabreja) y se abre ante ella todo un mundo de experiencias y nuevos temores al intentar compaginar su vida como madre y como novia de alguien 20 años más joven.

Y todo esto vienen a que el otro día mi señor marido vino de un congreso por asunto de trabajo y me contó la anécdota de que alguien le había echado inocentemente 25 años (tiene 38), haciendo bromas sobre la juventud cuando mi marido era bastante mayor que él.
Yo soy consciente que envejece de una manera especial, que siempre ha aparentado tener menos años de los que tiene y que esos genes extranjeros que tiene le ayudan a la inmortalidad. ¿Os habéis dado cuenta que los especímenes auténticamente españoles parecen siempre mayores?. Son más velludos y empiezan a desarrollarse antes, encanecen pronto y el sol de España pasa factura a nuestra piel.

Pero el caso es que yo no aparento 25 años!!!!.
Yo tengo canas, arrugas y michelines y aunque dicen que tampoco aparento los casi 38 años que tengo desde luego no aparento 25 ni de lejos.
Y ahora he entrado en paranoia y me imagino que todos los que nos miran deben pensar que soy una "asaltacunas" por liarme con un yogurín o una "cougar", que queda más chic y así utilizo el termino que acabo de aprender.
Tal y como yo lo veo tengo dos opciones. O le pinto canas por la noche y le depilo las entradas con crema depilatoria o me hago yo un tratamiento rejuvenecedor el cual no se ni por donde empezar.
Bueno, empezar sí, que ya estoy a dieta (muy a mi pesar). Ahora estoy plateándome ir a algún tratamiento de belleza a que me depilen las cejas, me pongan cremitas y me hagan la manicura. Que aunque no mejore nada, seguro que me siento mejor.
¿Sugerencias?



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