miércoles, julio 15, 2015

Escapada a Italia con niños

Hace dos meses, allá por las vacaciones de Pascua (de Francia, que no caen en Pascua, sino una semana después) nos pareció que era una buena idea hacer una escapadita de cuatro o cinco días a Italia por eso de coger fuerzas antes de ponernos con la mudanza.
Quería escribir aquí un post de "Italia con niños" tal y como hice con París o Londres pero la verdad es que después de la experiencia es un viaje que no repetiría y por lo tanto no recomendaré.
No me malentendáis. Italia es preciosa y es un destino único e irrepetible pero no creo que sea el mejor destino para ir con niños si quieres ver Italia pues la verdad es que apenas hay cosas para que los niños disfruten (igual es que mis niños son muy raros).
A ver, Italia es como un museo, esta lleno de monumentos, esculturas, cuadros y arquitectura por todas partes. Si vuestros niños son fanáticos del arte romano o son capaces de visitar una media de tres iglesias, dos puentes y un museo diario sin protestar disfrutarán, pero los míos por suerte o por desgracia no son así. Eso de visitar iglesias no les llama a ninguno. Nuestro plan era ir alternando un museo con un parque, una iglesia por un museo de la ciencia tal y como hicimos en Londres o París, pero a pesar de que busqué y rebusqué en internet cosas que hacer con ellos la oferta es escasísima y mis niños (los cuatro) se aburrieron como ostras.

También nuestro fallo fue que no quisimos centrarnos a ir solo a un sitio. Queríamos aprovechar que todavía no vivimos en una isla en la que hay que coger avión o barco para todo y hacer una ruta en coche que incluyera más de una ciudad. Eso, al final fueron mogollón de kilómetros y, sobretodo, de tiempo.

Empezamos la ruta muy bien. Desde Toulouse a Cannes (toda una jornada) e hicimos parada para pasar la noche. A pesar de haber estado todo el día viajando al día siguiente empezaba nuestro viaje de verdad.
Al día siguiente nos despertamos prontito e intentamos parar en Mónaco y digo intentar pues había no se que acontencimiento de tenis que nos fue imposible aparcar, Salimos y entramos de Mónaco varias veces, finalmente desistimos continuamos nuestra ruta.

Llegamos a Portofino, yo ya lo conocía de haber estado una vez hace como 8 años y no ha cambiado ni una piedra.
Después de todo el día en el coche agradecimos poder pasear por el puerto, subir hasta la iglesia y poder tomarnos algo en una terracita al sol.



Yo quería tomarme mi coca-cola en alguna terraza flotante muy estilo chill-out pero estaban demasiado cerca del agua y hubiéramos tendido que rescatar a algún retoño.
Así que finalmente optamos por una terracita muy cuca en la plaza en donde los niños pudieron correr a gusto persiguiendo palomas temerarias.

Al día siguiente llegamos a Pisa. Para mí lo mejor del viaje. No solo me gustó la parte turística ( con la torre y la catedral), sino también la ciudad en sí que me pareció muy bonita y muy acogedora.

El niño nº1 y yo nos atrevimos a subir a la torre pero como a los peques no les permitieron subir (ni intentarlo siquiera, pues está prohibido) el Sr. Educando a cuatro tuvo que quedarse con ellos.
La niña nº 2 prefirió no subir, tampoco, no fuera cosa que se cansase.


Al día siguiente dejamos atrás Pisa y nos plantamos en Florencia.
Me pareció preciosa pero una ciudad/museo. Una joyita si te interesa el arte pero un tostón a los ojos de mis niños que solo querían jugar y sentarse en algún sitio en lugar de pasear, ver museos, estatuas e iglesias.

Aún así a mi me gustó mucho, sobretodo el Puente Vecchio que lo encontré muy original pero algo masificado.



Al día siguiente tocó Roma y aquí me vais a perdonar pero me decepcionó bastante. Yo ya había estado en una de esas paradas que se hacen con un crucero en la que te quedas con la miel en los labios. Me prometí volver y lo he cumplido pero no ha mejorado muy mi opinión. (No me peguéis).
Roma es preciosísima pero hay tanta y tanta, pero tanta gente que apenas te dejan disfrutarla. Es toda ella como un parque de atracciones lleno hasta arriba de turistas.
(Y eso que cogimos unas fechas que en teoría no era temporada alta pues semana santa había pasado y el resto de Europa tiene cole, jejeje).
Creo que no es la ciudad que más turistas recibe pero debe ser la que los tiene más concentrados. Como TODO es turístico y digno de ver hay gente por toooooooodas partes.
Y cuando digo gente también digo colas.
Fuimos a ver el Coliseo y es impresionante, pasamos de largo por las ruinas romanas que a pesar de que me pude hacer un par de fotos a mis niños no les interesó lo más mínimo.

Nos atrevimos también a visitar la basílica de San Pedro del Vaticano y hasta subir a la cúpula, vimos la Piazza di Spagna en la que había tanta gente que no se veían ni las escaleras. Comimos pizza en la Piazza Navona y tomamos un helado cerca de la Piazza dil Popolo.
Pero, para mi la mayor decepción de todas fue la Fontanna di Trevi. La han forrado de metacrilato, le han hecho una pasarela para que puedas acercarte más (haciendo cola) pero está más fea, mucho más fea, han adecuado un sitio para que puedas tirar tu moneda pero cae en un charco (no en la fuente). Igual es temporal y después la arreglan (con tanto andamio parecía que estaba en obras) pero en mi opinión se la han cargado.
Podéis ver aquí la noticia y algunas fotos del desaguisado.
No quisimos ni tirar la moneda allí, la tiramos en la que encontramos en la Piazza di Spagna y no fuimos los únicos.



Por último, para compensar a los niños de tanta piedra, monumento e iglesia ocupamos el último día en ir a un parque de atracciones cerca de Roma: El Cinecitta Wold.

Es un parque chiquitín con atracciones para todas las edades pero algunas de ellas muy buenas.
Pero lo mejor es que, como todo el mundo estaba en Roma visitando monumentos y como era lectivo y los niños estaban en clase el parque era prácticamente para nosotros solos. (Nos encontramos con un par de excursiones escolares y ya está).
Nada de colas, ni de calor. Lo pasamos bomba peleándonos con el agua, subiendo en las montañas rusas, en los globos de los peques. Una gozada que puso la guinda al viaje.

Repetiré Italia. Igual a la tercera será la vencida, pero está claro que esta vez sin niños.




miércoles, julio 08, 2015

Instalados (y sobrevivimos)

Después de un mes maratoniano en el que casi muero fundida, casi hago un adolescecidio (varias veces) y me he encomendado a todos los dioses que conozco sin demasiado éxito, por fín, por fín puedo decir que estamos instalados.

Los primeros días han sido una locura: Más de 160 cajas que deshacer (sin contar muebles y bultos) mientras los niños pequeños intentaban jugar en la jungla con sus juguetes "nuevos" (que llevaban confiscados en cajas algunos meses) y los mayores pasaban más tiempo intentado escaquearse que de ayudar en si. A pesar de haber hecho un trabajo de varias semanas intentado concienciarles de la importancia de que arrimaran el hombro que al parecer no fue suficiente (casi les desheredo).

El cambio ha sido importante, no solo en cuanto al país (que ya conocían y que recuerdan con cariño porque los mayores lo asocian a sus amigos y los peques a las vacaciones de verano) sino también porque pasamos de una casa con jardín (un jardín precioso) en medio de la naturaleza de un chiquipueblo a un piso casi en el mismísimo centro de la ciudad.
El niño nº 3 nos sorprendió un día preguntando que dónde estaba el jardín para poder hacer sus pompas.

Las ventajas de vivir en el centro de la ciudad es que todo está a mano. El cole está cerca, el peluquero, el supermercado, una tienda de comidas para llevar, restaurantes, la zona de "marcha" y hasta el Corte Inglés. Así que, necesites lo que necesites está a un paso y eso, como novedad, mola.

Aún estamos descubriendo el barrio, ver que comercios pueden sernos útiles, elegir parque preferido o adivinar que linea de autobus nos conviene más.

A los cuatro o cinco días ya teníamos casi todas las cajas listas y el resto del tiempo desde entonces ha supuesto hacer trámites como pedir horas a las revisiones de los peques que tenía pendientes, al oftalmólogo después de que el nº 3 le rompiera las gafas al nº 4 (con el consiguiente disgusto), buscar un despachito en plan coworking para que el Sr. Educando a cuatro pueda trabajar pues en casa ya no hay sitio material para un despacho, echar un ojo a los gimnasios de la zona, apuntarnos a la lista de espera para natación en la piscina municipal, etc...

La verdad es que estoy agotada. Llevo unos cuatro días durmiendo cuan marmota y es que creo que ahora me está saliendo todo el cansancio que llevo acumulado de todo el mes de estress, logística y también trabajo físico (mucho).

Y es que la mudanza yo la empecé un mes antes, cuando me vine a Palma para acondicionar el piso que ya había cogido papá en otro viaje espress (bueno, y a otras cosas) y en dos días conseguí un colchón nuevo para los adultos que hace tiempo que quería cambiarlo pero en Francia las medidas estandard son diferentes, un par de camas para los peques que por fin dejan sus cunas/camas. Las conseguí en Ikea y hasta me dio tiempo de montarlas y todo.
Descubrí que el calentador no funciona y tuve que llamar a la casera
Y además aproveché para firmar el contrato con los inquilinos de mi piso (que cruzo los dedos para que estos, los terceros sean medianamente decentes), pedir la reincorporación a mi trabajo, pedir varios presupuestos, y hasta ir a la cena para celebrar que hace 20 años que salí del instituto. Un montón de cosas.
Al llegar ya me puse a saco a hacer cajas y desmontar muebles, etc...ç
En teoría tenía que ayudarme el niño nº 1 que con sus 16 añazos tiene más fuerza que yo y está más preparado para desmontar muebles.
Tenía que haber hecho un stage (como unas prácticas laborales de dos semanas) justo en esas fechas pero como tampoco había buscado nada y total se iba a ir y no iba a poder hacer la exposición final con los resultados le dijeron que casi que no importaba que lo hiciera. O eso nos dijo porque después nos enteramos que los profesores no habían dicho ni pio y que casi había sido idea suya (ejem, ejem).
No me iba del todo mal tampoco, porque, como ya digo, así podría ayudarme con la mudanza pero cuando tienes que discutir con él todos los días hasta para que se levante porque en realidad el no quiere ayudar (que es muy cansado) pero si que quiere mudarse yo acabé agotada.

Mientras tanto papá se vino para Mallorca para terminar de acondicionar la casa y el coche (que estaba aquí) y prepararlo todo para que le mandase a los niños.
Cuatro días después le mandé a todos en un avión con los consecuentes nervios, llamadas de teléfono desde la cafetería del aeropuerto hasta que recibí el mensaje de texto establecido de que ya estaban todos sentados en el avión correcto rumbo a Mallorca.
Recepción una hora después por papá en destino y pude volver a respirar.
Pero ahora sí, me quedaba sola, solita en Francia para terminar de empaquetar lo último. Despedirme de la gente y del chiquipueblo y echar de menos a los que ya se habían ido y a los que dejaba allí (todo a la vez).

Cuatro días después entregaba las llaves de lo que había sido nuestro hogar estos casi cuatro años y ponía rumbo a una nueva etapa.

¿He oído mudanza? ¡Corred, insensatos!


martes, junio 23, 2015

Vuelvo

Vuelvo,  con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas de la vergüenza de haber desaparecido estos meses pero vuelvo.
Agradezco a todos lo que me habéis mandado mensajes aquí o en las redes sociales. No tengo excusa.
Esa es la verdad, no tengo motivos claros para haberos abandonado tanto tiempo.
Podría decir que fue el viaje que hicimos a Italia durante las vacaciones escolares de los niños a finales de abril, que me dejaron agotada, pero no fue para tanto.
Podría decir que fueros los preparativos del 16 cumpleaños del niño nº 1  que me tuvieron ocupada, pero no es verdad (se lo montó por su cuenta).
Podría decir también que las funciones, exposiciones y exhibiciones de los niños para fin de curso me tenían absorbida y la verdad es que un poco sí. Tener que pensar regalitos para las profes, diseñar y realizar disfraces y preparar tortillas de patata es lo que tiene pero podría haber sacado tiempo para escribiros.
Incluso podría decir que ha sido el calor y el buen tiempo que nos ha llenado la agenda de cosas por hacer pero no ha sido así. Hemos tenido un tiempo espantoso y fresquito hasta hace apenas una semana que por fin he podido ponerle pantalones cortos a los niños.
¡Pero que semana, casi morimos!. Pasar de 15 a 35º en un día y medio casi acaba con nosotros, pero sobrevivimos.
La verdad es que el motivo principal que me ha tenido apartada del blog es que, como dice el título...¡VUELVO!. No solo aquí, sino también a mi isla.. ¡Nos repatriamos!.
Ya os conté aquí que nos lo estábamos planteando y las dudas y los miedos que eso me generaba.
Finalmente decidimos que este era un momento tan bueno como cualquier otro, que en todo caso tampoco quería quedarme para siempre en Francia y retrasarlo más solo lo haría más complicado a medida que mis niños mayores (y nosotros mismos) fueran echando raíces.
La presión de que la mitad de mi familia lo estuvieran deseando (la niña nº 2 se encuentra dividida  y el nº 4 no sabe ni de lo que le hablan) ha tenido algo que ver.
Desde entonces estoy un poco colapsada, no solo por la logística que implica buscar casa, colegio, cuadrar fechas, hacer cajas (sobretodo hacer cajas), sino también despedirme de los amigos, de los lugares, arreglar papeles que pueda necesitar, avisar a las profes, hacer revisiones médicas y pasar tiempo con los amigos a los que tardaremos en volver a ver.
Si sospecháis un poco ya, después de estos años de cómo soy, no os importará que os explique que estoy de los nervios.
La mudanza y su preparación no me ocupa tanto tiempo  ni tantas energías como lo que paso pensándola.
El Sr. Educando a Cuatro hizo una escapada express a mediados de mayo para conseguir casa y menos mal porque así, en mi cabeza ya tengo los muebles colocados, descartados los que no me caben, elegidos los nuevos que quiero comprar y hasta las cortinas seleccionadas.
Cambiamos una casa grande con jardín delante de un río en el chiquipueblo por un piso en el centro.
Tendré que desprenderme de muchas (pero muchas) de mis cosas y muchas de mis rutinas.
Esperamos que el cambio sea siempre a mejor (obviamente) pero mentiría si dijera que no voy a echar muchísimo de menos Montauban: Sus ríos, su verde, sus ferias bio, sus tumbonas en la plaza, que los niños jueguen en el jardín, la canguro que los niños adoran, el tomarme un mojito delante del canal, el pato, el café de los miércoles, los macarons, los amigos que hemos hecho aquí y hasta puede que eché de menos a los franceses. (Jejeje).

Seguiré por aquí (como pueda pero seguiré) pero ya desde la chiquiisla. Nos vemos!!!


lunes, abril 13, 2015

Cuando el pasado te encuentra.

Cuando cumplí 14 años me tocó tomar la primera decisión importante de mi vida como a casi todo el mundo de mi generación. ¿Qué debía hacer una vez terminada la EGB?.
La verdad es que no hubo mucho que decidir. Mis padres ya habían decidido que haría BUP cuando apenas estaba aprendiendo a hablar y hacia ahí habían dirigido siempre mis pasos. Una profesora, además, se encargó de convencer a mi madre de que me metiera en un colegio privado supongo que alertada por los miedos de mi madre de que me juntara con malas compañías y me "torciera".
Yo, que venía de un colegio humilde y "barriobajero" ir a un colegio privado representaba demasiado cambio y no estaba dispuesta. Los valores morales eran diferentes en un colegio que en otro, las cualidades apreciadas distintas y hasta la manera de relacionarse era diferente.
Reconozco que no empecé en ese colegio con demasiada buena actitud. No quería ir y me había formado un montón de prejuicios que desgraciadamente resultaron ciertos. Mi clase estaba llena de empollones, peloteros, hipócritas y materialistas que con mis 14 añitos me parecía lo peor de lo peor. Y así me lo había enseñado siempre en mi otro colegio.

Siendo justos, diré que ellos (sobretodo ellas) tampoco me lo pusieron fácil. Yo era demasiado diferente a ellos  y cuanto más se notaba más orgullosa estaba yo de que fuera así y más distancia se creaba entre nosotros.
Me daba vergüenza ajena oírlas como se criticaban (destriparlas más bien) unas a otras a las espaldas y después se daban dos besos con su mejor cara.
Se me revolvía todo oírles hablar de injusticias y después no tener narices de decir nada y mucho menos de hacer nada.

Visto desde la distancia no creo que fuera la estrategia adecuada pero era demasiado rebelde y demasiado incorformista para que hubiera sido de otra manera. Entendedme, tenía que rebelarme contra el mundo!!!.


Evidentemente no me integré. Me esforcé en hacerme un mundo aparte de esas paredes. Cada día maldecía el tener que estar ahí. Cada principio de curso rogaba a mis padres que me cambiaran de colegio sin éxito. El día que, por fin acabé COU me juré a mi misma que no volvería a poner un pie ahí y lo cumplí. Ni siquiera fui a buscar el título.

Solo hice un par de buenos amigos pero el que siempre me hubiera llevado mejor con chicos que con chicas solo fue un obstáculo más. Ellas me veían como competencia directa y ellos, a veces, malinterpretaban mi amistad. Las pocas amigas que hice se aprovechaban de esa amistad para acercarse a ellos, así que nunca las vi como amistades sinceras (cosas que hacían las adolescentes).

Con el tiempo aprendí a poner distancia, a disimular esas amistades y a manejarlo, pero a medida que ellos fueron echándose novias yo fui perdiendo amigos por el camino. Algunos de ellos muy buenos.

Ahora miro hacia atrás y lo veo diferente. Quizás tendría que haber sido más receptiva y aceptar más su forma de ser con todos sus defectos y sus virtudes (que seguro que algunas tendrían, jajaja), quizás tendría que haber hecho un esfuerzo por integrarme, quizás tendría que haber aprovechado más mi estancia ahí y haber aprendido algo.
Ya no se puede cambiar.

De la mayoría de ellos no volví a saber nada, entre otras cosas porque no quise. Con algunos sí que mantuve un poco más el contacto hasta que la vida, las circunstancias y, como ya digo, las parejas nos separaron.

En los inicios de facebook, con todo su aluvión de reencuentros volví a tener noticias de algunos y se llegó a organizar alguna cena para reunirnos todos a la que no fui.

Pero ahora, que hace 20 años que salimos de ahí se ha puesto en contacto conmigo la única persona que podría revolverlo todo, el único que hizo que no deseara que ese colegio se derrumbara y me dice que lo van a celebrar, que van a hacer una super fiesta y que quiere que vaya, que me ha echado de menos.

Yo no puedo ir, me pilla un poco lejos pero llevo desde entonces con la cabeza en otro sitio, en otra época, rebuscando entre mis fotos, investigando por facebook, reviviendo recuerdos que creía olvidados, acordándome de caras que apenas me suenan y echándolo todo un poco de menos.

Que duro es todo cuando el pasado viene y te da un bofetón en la cara así, sin avisar,  ¿no creéis?


( Y esta soy yo por aquella época). 





viernes, abril 10, 2015

Los cuatro del nº 4

La semana pasada ocurrió un acontecimiento importante en nuestra casa del que todavía no os he hablado: El niño nº 4 tuvo la osadía de cumplir 4 años.

Lo celebramos a lo grande, como está mandao. El viernes llevamos pastel, velas y zumo al cole y le cantaron cumpleaños feliz, joyeux anniversaire y happy birthday to you porque, parece ser que mi chiquitín les obliga a cantar a todos los cumpleaños en varios idiomas.

El sábado tuvimos merendola en casa con los amigos e hijos. Todavía nos es un poco complicado mezclar a la gente que habla idiomas diferentes pero, claro, hacer dos fiestas, una española y otra francófona nos parecía demasiado, pero todo fue bien, la gente se lo pasó bien y nosotros intentamos que todo el mundo se integrara hablara lo que  hablara. El domingo, además, hicimos otra fiesta de cumpleaños en un chiquiparc con los amiguitos del cole, que es lo que a él le hacía ilusión.


Así que nos hemos pasado el finde de fiesta en fiesta, haciendo tartas de cumpleaños, terminándonos los restos de los ganchitos, abriendo regalos y lidiando entre el nº 3 y el nº 4 para que el tema de los regalos  nuevos no fuera el motivo de una guerra fraternal.

Yo, la verdad es que esto de que el peque cumpla años lo llevo regular. Y no es por tener que hacer tres tartas de cumple y 28.000 sandwiches de jamón y queso. Es que, poco a poco me quedo sin bebés.

El nº 4 además es el más bebote, es el que le gusta que le achuchen, que le aplasten los mofletes, que te pide mimitos de vez en cuando y que te dice que te quiere "hasta el final del espacio".
Es el que aparece cada noche en mi cama cargado con su peluche y su almohada y tengo que hacerle sitio a mi lado sabiendo que ya no voy a volver a dormir.
Pero a mí,  en el fondo me gusta. Me gusta oírlo venir mucho antes de llegar a mi cuarto porque el niño delicado no nos ha salido. Me gusta que se me apriete por la noche y me toque la cara para saber que sigo ahí, que me haga caricias por la mañana mientras yo aún estoy dormida y que canturree en cuanto sale el sol porque se aburre y quiere que nos despertemos.

Las consecuencias es que tengo un hombro destrozado y que duermo menos horas de las que debería pero...me gusta.

Papá, con la excusa de que ya tiene cuatro años y es un nene mayor le intenta convencer de que ya tiene que quedarse en su cama y el nº 4 asiente pero sigue viniendo. Yo no le digo nada, en realidad me gusta que venga.

Me quedo sin bebés, e intento que no sea demasiado traumático (para mí). Intento pensar las cosas positivas de esta etapa que hemos comenzado y tiene montones.
Cada día hay alguna razón por la que reírnos a carcajadas con alguna salida de alguno de ellos, alguna reacción, algún razonamiento o algún evento particular.
Como el día en que el nº 4 me dijo al salir del cole que las gallinas cuando hacen caca tienen huevos (así, sin avisar, jejeje) o el niño nº 3 cayó de pronto en que una compañerita suya de clase tiene la cara marrón (es una mulatita preciosa), o hoy que la niña nº 2 tiene su concierto de coral y está nerviosísima de que la vayamos a ver o el nº 1 que me vuelve loca porque el viernes le preparan una fiesta sorpresa de cumpleaños a una "amiga" y ha decidido hacer él el pastel.

Entretenidos estamos y lo que de vayan creciendo es inevitable pero para mí siempre serán mis bebés.


miércoles, abril 08, 2015

Manualideas: Muñequita con plástico mágico.


Hoy una manualidad para los que son un poquito más mayores (no siempre van a ser ideas para los más peques, ¿no?). 
¿Conocéis el plástico mágico? Es una especie de papel en el que puedes dibujar y después meter en el horno y entonces....magia!!! Se encoge, se retuerce, se vuelve loco hasta que se aplana y sale convertido en un broche mucho más pequeño de lo que entró. Si quieres verlo, pulsa aquí

viernes, abril 03, 2015

La excusa del dinero

De  mi Lápiz y pluma me invitó el lunes pasado a participar en el eterno debate de si los niños son caros.
Yo ya dí algunas pistas sobre mi opinión al respecto en este post de hace un par de años. Pero me apetecía profundizar un poco en el tema porque hace poco tuve una conversación con unos amigos que se estaban plateando tener su segundo hijo porque no le gustaba tener un hijo único pero que su principal motivo para no hacerlo era el dinero.
Son una pareja que han tenido que renunciar a muchas cosas a raíz de tener a su primer hijo. La mamá decidió tomarse un par de años de maternidad para poder criar a su hijo y cuando quiso reincorporarse se dio de bruces con la crisis y con el maravilloso sistema español de la conciliación familiar.
Desde entonces han ido haciendo equilibrios entre horarios de trabajos mal pagados, actividades extraescolares, comedores, ayudas familiares,....lo de todos los días.
Ahora que levantan un poco la cabeza. Que el niño por fin ha empezado el cole (que es más barato que la guardería), que ella por fin ha encontrado un trabajo que puede compaginar y que parece que es estable, que él ha tenido un aumento de sueldo... se plantean tener el segundo antes de que el niño sea más mayor y no pueda apreciar las ventajas de tener hermanos pequeños.
Yo escuché atentamente todos sus motivos, sus pros y sus contras, sus dudas, sus miedos ...
Ellos ya saben que yo soy pro familias numerosas, que no me gusta eso de tener hijos únicos porque creo que se pierden una parte importante de la vida y que se aprende mucho de tener hermanos, no solo los hijos, sino también los padres.
Los hijos únicos, lo siento mucho para los que los tengáis, pero se nota. Se nota de lejos. En el colegio lo notábamos y no fallábamos nunca.
Son más paraditos, más inocentes, acostumbrados a que todas las atenciones son para ellos y que los padres acuden volando a su llamada. En el cole no pasaba así y los veías como perdidos que no sabían muy bien que hacer.
Al mismo tiempo también se nota de lejos a los padres de hijos únicos. En los parques son esos que están a dos centímetros de sus retoños, que juegan con ellos en lugar de dejar que los niños jueguen entre sí, que cuando el niño va a caerse la madre ya está  ahí antes de que toque el suelo y también suelen ser los padres más agobiados, más entregados y con más miedo.
(Que nadie se me eche al cuello, es mi impresión).
También opino que al igual que cuando uno se plantea tener un hijo (el primero) no debe plantearse solo tener un bebé sino que tiene que tener en cuenta que va a ser padre toda la vida y que va a ser padre de un bebé, luego de un niño, luego de un adolescente,....al tener un segundo hijo no solo debe plantearse que va a ser el doble de trabajo (como dicen muchos), que van a volver a dejar de dormir, que es más gasto,....ese niño también crecerá y le daréis a vuestro hijo la oportunidad de tener un compañero para toda la vida, ampliar la familia siempre ha de ser positivo.
Aún así,  a pesar de que yo estoy siempre a favor de que la gente tenga hijos, que me encantan las grandes familias con las casa llenas de gente (con sus pros y sus contras) y que creo que tener hijos es siempre positivo, no solo para el futuro inmediato sino para dentro de muchos años, respeto enormemente a aquellos que no quieren tener hijos o que solo quieren tener uno pues prefiero que alguien que no esté preparado no lo tenga que lo tenga "para probar" o por presiones sociales o familiares y que luego se arrepientan.
Lo que no puedo entender es que me pongan excusas que se consideran aceptadas para esconder los verdaderos motivos de porque la gente no quiere tener un segundo hijo (por lo menos mis amigos).
Me decían el dinero, el dinero, pero después me hablaban de que tenían seguro privado, que el niño iba a clases de no se qué y que estaban organizando un viaje para Pascua. Todo muy respetable por supuesto y no voy a ser yo quien les diga en que deben gastarse su dinero pero entonces que no crean que no deben tener un hijo por el dinero, porque no. Que me digan que no quieren cambiar su nivel de vida, vale, que  no quieren tener que renunciar a nada, vale, que en realidad les da pereza volver a empezar con un bebé, también, que no saben si podrán lidiar con dos, que sus prioridades son otras, que no quieren asumir el riesgo,...lo que quieran pero no que no tienen dinero porque un hijo no consume lo mismo que un viaje.
Cierto es también que nuestra manera de enfrentarnos a la maternidad hoy en día es diferente a como lo hicieron nuestros padres y mucha culpa de esto lo tiene internet que nos crea necesidades incomprensibles y admiración a vidas falsas.
Cuando tuve al nº1 (con 21 añitos y sin trabajo) mis únicos gastos fueron el carrito, la cuna, una bañera de plástico (que metía dentro de la grande) y la sillita del coche. Nada de cambiador, lo cambiaba en la cama, nada de esterilizador chupitrónico, hervía los bibes como toda la vida. Nada de intercomunicador dejaba la puerta abierta y agudizaba el oído, ni siquiera compré una minicuna, me apañé los dos primeros meses con el cuco del carrito.
La ropita del primer año fue casi toda regalada, a partir de ahí intentaba comprar en rebajas para la temporada siguiente o los lotes 3x2 que encontraba por catálogo.
Os aseguro que a mi niño nunca le faltó de nada y no creo que hubiera sido más feliz si hubiera tenido un bugaboo y todos esos cacharros que creemos imprescindibles y que apenas nos duran nada.
Mi situación cambió al cabo de unos años y obviamente para mis hijos pequeños si que compré algunas de esas chuminadas porque me lo podía permitir pero desde luego ese no hubiera sido el motivo principal por el que me hubiera decidido o no a la hora de tener más hijos.
Siempre aconsejo lo mismo: Si de verdad quieres tener otro hijo, si de verdad crees que más adelante te arrepentirás de no haberlo tenido, tenlo.

El Diario Down, un hermano para Francisco

Vaya rollo os he metido. ¿Que pensáis?.

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