viernes, octubre 23, 2015

Démosles herramientas a los profesores

Con la vuelta al cole nos hemos topado con las reuniones de padres de principio de curso (un mes después). Como este año los niños han empezado en un cole nuevo no he querido perderme ni una de estas reuniones para enterarme bien de como hacen las cosas y de como trabajan.
No os podéis ni imaginar el sacrificio que supuso para mi llegar a casa después de llegar de natación a las 18.30h al que fui directamente del trabajo solo para soltar la bolsa con los bañadores y a dos niños y volver a salir por la puerta. Intentar no dormirme en esas reuniones en la que afortunadamente estaba sentadita por primera vez en todo el día.

Las reuniones fueron bien. Las conclusiones son que les van a meter mucha caña a los mayores pero que es un colegio que, por lo que parece, se preocupan bastante de sus alumnos, no solo a nivel académico, sino también a nivel personal en estas edades que empiezan a ser complicadas.

En las reuniones de los peques "alguien" tuvo la maravillosa idea de hacer todas las de infantil simultaneas, el mismo día a la misma hora para quienes tuvieramos a varios niños en diferentes clases tuvieramos que dividirnos, multiplicarnos o vete a saber que.

Nos arriesgamos a dejar a los peques con los mayores mientras papá iba a la reunión de uno y yo a la de otro. (Fue un desastre, mis hijos no madurarán nunca).

Cuando terminó mi reunión fui a buscar a papá que aún no había terminado la suya. Al entrar en clase estaban enzarzados en una guerra contra la profesora porque habían descubierto que utilizan el método pedagógico de sacar a los niños fuera del aula durante unos minutos como castigo y que les hacen ponerse con la "cabecita baja" para relajarlos después del patio.
Escandalizados estaban de que emplearan esos métodos con el argumento de que eran muy antiguos.

Si son antiguos y se siguen empleando, señores, es porque funciona. Y la Sra. Montesori, que tanto se les llena la boca a algunos hoy en día y que es un método de tremenda actualidad era del siglo XIX. (super moderna).
Los niños a los que había que educar por aquel entonces no eran los mismos que los de ahora, ni siquiera nuestros padres eran los niños que hay que educar ahora en donde los padres muchas veces no tiene la autoridad necesaria para hacerlo (afortunadamente no siempre) pero que delegan en profesores a los que le quitan la poca autoridad que puedan haberse ganado.
Me matan esta gente que se pone a hablar de métodos pedagógicos hablando como si su realidad fuera la ley. Que hablan de consejos pedagógicos y sistemas de enseñanza cuando no son ellos los que estén en la clase con 25 niños todos diferentes.
Puedo entender la frustración de un profesor cuando un niño le da patadas y no puede hacer NADA, cuando le castigan y el niño le dice que NO en la cara, cuando se levantan, salen de clase o te chulean y ni siquiera pueden recurrir a sus padres como amenaza.

¿Que haríais vosotros si le pedíis a vuestro hijo que recoja su cuarto, por ejemplo y os dice que no y empieza a sacar más?.
Hablaréis con él y se lo intentaréis hacer entender.
¿Y si no funciona?. Se lo repetiréis una docena de veces.
¿Y si sigue sin funcionar? Le castigaréis sin tele. ¿Y si empieza a reirse en vuestra cara o a pegaros o a romper cosas?

Puede que lo de sacar al niño un rato de clase no sea lo más apropiado para muchos niños, para otros es incluso motivo de celebración pero para otros si es un castigo e incluso a veces funciona.
No se puede delegar una tarea tan importante como la educación de los hijos a unas personas y no darle ni una sola herramienta para que ellos puedan hacer su trabajo.
Todo el mundo funciona con premios y castigos. Lo de los premios, más o menos todo el mundo lo tiene claro, lo de los castigos a veces se nos olvida. Se nos olvida que en la vida todo tiene consecuencias, todos nuestros actos tienen repercusiones y nunca se es demasiado joven para aprender eso.
Si mi hijo se porta lo suficientemente mal para que la profesora tenga que sacarlo del aula no solo tiene mi permiso, sino que tiene mi apoyo pues pasan en el cole demasiadas hora como para que sospechen siquiera que el cole no tiene normas y que sus actos pasarán desapercibidos.
He dicho.

lunes, octubre 19, 2015

Pequeñas reflexiones del día a día.

Me paso por aquí para seguir contándoos nuestras aventuras y desventuras.
A algunas de ellas hay para dedicarles un post entero pero se que si sigo esperando a que se alineen los planetas para poder encontrar el momento y el lugar no lo hará nunca.

Un mes después de haber empezado las cosas parece que todo va encontrando su sitio. Los peques disfrutan de ir al cole, de sus nuevos amigos y de todo lo que están aprendiendo. Más el nº 3 que el nº 4, que el chiquitín parece haberse resignado por fin a que no va a poder quedarse en casa con nosotros por las mañanas y a que no lo voy a desapuntar de natación hasta que aprenda a nada (que vivimos en una isla, saber nada, aquí es una necesidad) y ahora ha decidido que le gustan. Así que va al cole contento planeando nuevas fechorías con sus nuevos compinches. Le gusta su profe y aunque vive un poco en su mundo y sigue teniendo a su ángel de la guardia al borde del colapso cada diez minutos parece que por fin podemos decir que hemos superado la fase de adaptación.
La niña nº 2 ha descubierto que tantos años de vaguear y de estudiar en el último momento no le va a servir en el nuevo cole y después del descalabro inicial con los primeros exámenes ha decidido que es el momento de ponerse las pilas que tiene mucho que recuperar.
Por el momento ha decidido, por propia iniciativa dejar el móvil en la entrada de casa cuando está estudiando (y es que el whassapp echa humo) y a ver si dura la motivación.

El niño nº 1 la verdad es que es todo un misterio. No tengo ni la más remota idea de lo que pasa en su día a día. Ahora que yo he empezado a trabajar nos vemos menos. Él, que nunca ha sido muy hablador esta pasando una adolescencia de mutismo selectivo en la que casi no nos dirige la palabra y la verdad es que cuando lo hace la mitad de las veces acabamos discutiendo (ozú, que adolescencia nos está dando el niño).

Yo, ya os digo, medio muerta mientras intento adaptarme a esta rutina de locos en la que me levanto a las 7 de la mañana y la mayoría de las veces son más de las 21 cuando puedo sentarme.
Mis jornadas son muy largas, tanto fisicas como mentales, porque aguantar niños (gritos, quejidos, peleas, llantos) tantas horas es agotador también emocionalmente.
Cuando termino en el cole voy corriendo a buscar a mis niños propios para seguir escuchando gritos, quejidos,....
Cuando llego a casa me espera una guarida con mil cosas que preparar. Afortunadamente invertir una parte de mi sueldo en contratar a alguien que venga a ayudarnos a casa ha sido una necesidad pero, aún así, hay mil cosas que no puedo delegar, ir a comprar, llevar a alguno de mis retoños a algún médico, reuniones con tutores, prepararles la ropa del día siguiente, preparales la merienda, ordenar las mil y una cosas que me encuentro tiradas y que si no guardo yo jamás volveré a ver poner lavadoras para que podamos tener las batas del cole listas (la mía incluida). Agotador!!!

Mi colegio, además está bastante lejos de mi casa e invierto mucho tiempo en la ida y en la vuelta.
Esta semana, pero, se presentó la posibilidad de hacer un cambio y trabajar en Palma. Yo dije que si, pero al poco empecé a arrepentirme porque yo estoy bien en este cole, es un cole chiquitín de un pueblo, en donde hay buen ambiente, los niños son majos y las profesoras también. A mi me tratan como a una más y me sentí muy querida y valorada ante la perspectiva del cambio.
Al final el traslado no pudo ser y para mi casi fue un alivio pero me ha servido para subirme la moral un poco por las nubes y para aprovechar para mejorar mis condiciones de trabajo (porque yo lo valgo) y ahora estoy encantada.
Tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta, en un sitio que me valoran y que me tratan muy bien y además soy buena en mi trabajo. Estoy feliz!!!

Al mismo tiempo empiezo a echar mucho de menos Francia. Tan verde, tan tranquila, sin prisas, cenando a las 7 y viendo el atardecer delante del río. Una vida a otro ritmo en donde se puedan apreciar las pequeñas cosas antes de que hayan pasado ya.





domingo, septiembre 27, 2015

Normalidad, por fin

Hace mucho, mucho, mucho que tendría que haber escrito esta entrada.
Ya me da hasta vergüenza ir a mirar la última vez que me pasé por aquí.
Supongo que os haréis cargo de lo mucho que ha cambiado mi vida en los últimos meses y del poco tiempo que me queda desde entonces para mi y por consecuencia, para vosotras.

Allá por finales de junio embarqué todas mis cosas en un camión (cosas que llevaba semanas metiendo en cajas) y puse rumbo a Palma a reunirme con el resto de mi familia que habían partido días antes para dejarme margen y espacio para desmontar sus camas, empaquetar sus tazas de desayuno y meter en cajas sus juguetes.

Una vez en Palma, agotada de la mudanza previa y del viaje que resultó ser muy cansado (y muy aburrido, sin internet ni nada) no tuve ni un día de descanso y al día siguiente empezamos a desempaquetar como si no hubiera un mañana nuestras 160 cajas más unas cuantas decenas de bultos.

Tres días tardamos en tener una casa habitable, unos juguetes colocados, un ordenador en su sitio y la ropa que ponernos colocada.

Llegaba el momento de disfrutar del verano que se nos presentaba pero no fue posible básicamente por dos motivos:
El primero era el calor insufrible que hemos pasado. Pues a pesar de que en Mallorca hace calor en verano, of course y que soy consciente que debo haber perdido algo de costumbre hemos pillado una ola de calor detrás de otra y sin tregua que nos ha hecho quedarnos en casa más de un día y más de dos pegaditos todos al aire acondicionado porque no se podía pisar la calle ni en verano.
Y no exagero, que la televisión autonómica hablaba de record históricos. Yo, desde luego, no recuerdo haber pasado tanto calor, tantos días seguidos en mi vida.

El otro motivo fue la cantidad de papeleos, burocrácias y cosas pendientes que ha ocupado casi todo mi tiempo libre.
Papeleos para el cole de los niños, para solicitar reincorporarme al trabajo, solicitar las tarjetas sanitarias, duplicar el libro de familia que extraviamos, pagar impuestos que teníamos pendientes, comprarme un coche porque mi cutrecoche ya no daba para más (a duras penas ha llegado a España, otra vez), y además todas las revisiones médicas que tenía pendientes, o bien porque el sistema francés es diferente o bien porque llevaba tiempo aplazándolas con eso de que nos íbamos a España como la ortodóncia de la nº 2, la revisión oftalmólogica del nº 4,...
No he parado.
Cada vez que resolvía un papel me salían tres más y ante la perspectiva de empezar a trabajar y dejarlo todo solucionado antes de empezar el curso se convirtió en una carrera contra reloj con una agenda repleta y ningún día libre.

A todo eso, además, sumadle que iba a hacer toooooodos mis tramites con dos (o tres) niños detrás que se aburrían, se cansaban y que andaban muuuuuuy despacio.

Lo que tenía que ser un verano tranquilo y divertido ha sido una maratón agotadora.
El número 1 además, no ha contribuído mucho a mi relax pues a los tres días de llegar a España nos llegaron las notas de su instituto y nos ha obsequiado con 1 aprobado (gimnasia). Pero no os preocupéis, que encima la culpa es nuestra porque dice que le damos "demasiada" libertad (tócate las narices).

Nos ha regalado un verano de discusiones, malas maneras, contestaciones desafortunadas y miradas de odio que no le deseo a nadie. (Que adolescencia, po dió!!!!)
Y detrás viene la niña nº 2 que se levanta cruzada y no sabes ni por donde cogerla pero por lo menos ella es consciente y directamente te grita "no se lo que me pasa" y nada, la dejas hasta que viene mimosa y suave como una balsa de aceite.

El día 11 empecé a trabajar, por fin y he vuelto a vivir en mis carnes lo mal que concilia este país. Y eso que soy empleada públia, que me imagino que trabajar en la privada esta mil veces peor.
Cuando me enteré de que mi destino después de reincorporarme de la excedencia es el más lejano que era posible a mi domicilio he estado luchando a que no me manden allí amparandome a que tengo unos derechos (mínimos) por haber aprobado unas oposiciones que se los han pasado por el forro y que trabajar en un sitio en el que tardo aproximadamente hora y cuarto en llegar y otra hora y cuarto en volver era incompatible con mi horario familiar.
No ha importado con la cantidad de directores generales de diferentes departamentos que haya hablado y la cantidad de escritos que haya presentado que les ha dado igual. La solución ha sido pedirme una reducción de jornada (con lo que cobraré menos) y haciendo un horario que al colegio no le va del todo bien por no darme otro destino y dejar allí a la que había que ya lo tenía arreglado.
En fin. A pesar del horario y de la distancia estoy muy contenta de empezar a trabajar y hacerlo en este colegio.
Espero adaptarme bien y acostumbrarme pronto a este horario.
Entre madrugones, carreras, actividades extraescolares y faenas caseras cuando por fin pongo el culo en el sofá (a eso de las 10 de la noche) estoy tan cansada, que más de una vez me he quedado dormida.

Entenderéis entonces que no haya tenido tiempo de escribiros aunque haya pensado mucho en vosotras. Agradezco a todas esas que se han preocupado o interesado y que me han mandado toques por las redes sociales o mediante emails. Que no os abandono!!!.

Para que no os quedéis con la impresión de que este verano ha sido caótico contaros que también hemos tenido tiempo de ir a la playa unas cuantas veces (pocas, porque ha resultado que a los peques eso de la arena no les mola mucho), de disfrutar de la agenda veraniega que ofrece una ciudad un poco más grande que mi chiquipueblo, de reencuentros con los amigos, cafés con confidencias y conocer a gente nueva que siempre viene bien.

La vuelta al cole ha sido agridulce para mis retoños.
La niña nº 2 y el niño nº3 encantados de la vida. Eso del cole, de charlar, de aprender cosas y de ver a gente les gusta mucho, mucho y en el cole lo tienen todo. Es gratificante que el niño nº 3 sea (el único de su clase) que entra en el cole con una sonrisa de oreja a oreja, dando los buenos días bien fuerte y con ganas de ponerse a aprender todo lo que pueda.
Contrasta con el nº 4 que. ya de entrada eso del cole no le gusta mucho, pero tantos cambios le estan pasando factura y vuelve a venir a dormir con  nosotros por la noche (cachis, ya lo teníamos superado).

Y el número 1 es un misterio como pasa sus días en el instituto.

Poco a poco volvemos a la normalidad, una normalidad nueva pero que necesitábamos al fin y al cabo.

Espero poder pasarme por aquí más a menudo y no una vez cada dos meses para que vayáis viendo como crecen mis niños.



miércoles, julio 15, 2015

Escapada a Italia con niños

Hace dos meses, allá por las vacaciones de Pascua (de Francia, que no caen en Pascua, sino una semana después) nos pareció que era una buena idea hacer una escapadita de cuatro o cinco días a Italia por eso de coger fuerzas antes de ponernos con la mudanza.
Quería escribir aquí un post de "Italia con niños" tal y como hice con París o Londres pero la verdad es que después de la experiencia es un viaje que no repetiría y por lo tanto no recomendaré.
No me malentendáis. Italia es preciosa y es un destino único e irrepetible pero no creo que sea el mejor destino para ir con niños si quieres ver Italia pues la verdad es que apenas hay cosas para que los niños disfruten (igual es que mis niños son muy raros).
A ver, Italia es como un museo, esta lleno de monumentos, esculturas, cuadros y arquitectura por todas partes. Si vuestros niños son fanáticos del arte romano o son capaces de visitar una media de tres iglesias, dos puentes y un museo diario sin protestar disfrutarán, pero los míos por suerte o por desgracia no son así. Eso de visitar iglesias no les llama a ninguno. Nuestro plan era ir alternando un museo con un parque, una iglesia por un museo de la ciencia tal y como hicimos en Londres o París, pero a pesar de que busqué y rebusqué en internet cosas que hacer con ellos la oferta es escasísima y mis niños (los cuatro) se aburrieron como ostras.

También nuestro fallo fue que no quisimos centrarnos a ir solo a un sitio. Queríamos aprovechar que todavía no vivimos en una isla en la que hay que coger avión o barco para todo y hacer una ruta en coche que incluyera más de una ciudad. Eso, al final fueron mogollón de kilómetros y, sobretodo, de tiempo.

Empezamos la ruta muy bien. Desde Toulouse a Cannes (toda una jornada) e hicimos parada para pasar la noche. A pesar de haber estado todo el día viajando al día siguiente empezaba nuestro viaje de verdad.
Al día siguiente nos despertamos prontito e intentamos parar en Mónaco y digo intentar pues había no se que acontencimiento de tenis que nos fue imposible aparcar, Salimos y entramos de Mónaco varias veces, finalmente desistimos continuamos nuestra ruta.

Llegamos a Portofino, yo ya lo conocía de haber estado una vez hace como 8 años y no ha cambiado ni una piedra.
Después de todo el día en el coche agradecimos poder pasear por el puerto, subir hasta la iglesia y poder tomarnos algo en una terracita al sol.



Yo quería tomarme mi coca-cola en alguna terraza flotante muy estilo chill-out pero estaban demasiado cerca del agua y hubiéramos tendido que rescatar a algún retoño.
Así que finalmente optamos por una terracita muy cuca en la plaza en donde los niños pudieron correr a gusto persiguiendo palomas temerarias.

Al día siguiente llegamos a Pisa. Para mí lo mejor del viaje. No solo me gustó la parte turística ( con la torre y la catedral), sino también la ciudad en sí que me pareció muy bonita y muy acogedora.

El niño nº1 y yo nos atrevimos a subir a la torre pero como a los peques no les permitieron subir (ni intentarlo siquiera, pues está prohibido) el Sr. Educando a cuatro tuvo que quedarse con ellos.
La niña nº 2 prefirió no subir, tampoco, no fuera cosa que se cansase.


Al día siguiente dejamos atrás Pisa y nos plantamos en Florencia.
Me pareció preciosa pero una ciudad/museo. Una joyita si te interesa el arte pero un tostón a los ojos de mis niños que solo querían jugar y sentarse en algún sitio en lugar de pasear, ver museos, estatuas e iglesias.

Aún así a mi me gustó mucho, sobretodo el Puente Vecchio que lo encontré muy original pero algo masificado.



Al día siguiente tocó Roma y aquí me vais a perdonar pero me decepcionó bastante. Yo ya había estado en una de esas paradas que se hacen con un crucero en la que te quedas con la miel en los labios. Me prometí volver y lo he cumplido pero no ha mejorado muy mi opinión. (No me peguéis).
Roma es preciosísima pero hay tanta y tanta, pero tanta gente que apenas te dejan disfrutarla. Es toda ella como un parque de atracciones lleno hasta arriba de turistas.
(Y eso que cogimos unas fechas que en teoría no era temporada alta pues semana santa había pasado y el resto de Europa tiene cole, jejeje).
Creo que no es la ciudad que más turistas recibe pero debe ser la que los tiene más concentrados. Como TODO es turístico y digno de ver hay gente por toooooooodas partes.
Y cuando digo gente también digo colas.
Fuimos a ver el Coliseo y es impresionante, pasamos de largo por las ruinas romanas que a pesar de que me pude hacer un par de fotos a mis niños no les interesó lo más mínimo.

Nos atrevimos también a visitar la basílica de San Pedro del Vaticano y hasta subir a la cúpula, vimos la Piazza di Spagna en la que había tanta gente que no se veían ni las escaleras. Comimos pizza en la Piazza Navona y tomamos un helado cerca de la Piazza dil Popolo.
Pero, para mi la mayor decepción de todas fue la Fontanna di Trevi. La han forrado de metacrilato, le han hecho una pasarela para que puedas acercarte más (haciendo cola) pero está más fea, mucho más fea, han adecuado un sitio para que puedas tirar tu moneda pero cae en un charco (no en la fuente). Igual es temporal y después la arreglan (con tanto andamio parecía que estaba en obras) pero en mi opinión se la han cargado.
Podéis ver aquí la noticia y algunas fotos del desaguisado.
No quisimos ni tirar la moneda allí, la tiramos en la que encontramos en la Piazza di Spagna y no fuimos los únicos.



Por último, para compensar a los niños de tanta piedra, monumento e iglesia ocupamos el último día en ir a un parque de atracciones cerca de Roma: El Cinecitta Wold.

Es un parque chiquitín con atracciones para todas las edades pero algunas de ellas muy buenas.
Pero lo mejor es que, como todo el mundo estaba en Roma visitando monumentos y como era lectivo y los niños estaban en clase el parque era prácticamente para nosotros solos. (Nos encontramos con un par de excursiones escolares y ya está).
Nada de colas, ni de calor. Lo pasamos bomba peleándonos con el agua, subiendo en las montañas rusas, en los globos de los peques. Una gozada que puso la guinda al viaje.

Repetiré Italia. Igual a la tercera será la vencida, pero está claro que esta vez sin niños.




miércoles, julio 08, 2015

Instalados (y sobrevivimos)

Después de un mes maratoniano en el que casi muero fundida, casi hago un adolescecidio (varias veces) y me he encomendado a todos los dioses que conozco sin demasiado éxito, por fín, por fín puedo decir que estamos instalados.

Los primeros días han sido una locura: Más de 160 cajas que deshacer (sin contar muebles y bultos) mientras los niños pequeños intentaban jugar en la jungla con sus juguetes "nuevos" (que llevaban confiscados en cajas algunos meses) y los mayores pasaban más tiempo intentado escaquearse que de ayudar en si. A pesar de haber hecho un trabajo de varias semanas intentado concienciarles de la importancia de que arrimaran el hombro que al parecer no fue suficiente (casi les desheredo).

El cambio ha sido importante, no solo en cuanto al país (que ya conocían y que recuerdan con cariño porque los mayores lo asocian a sus amigos y los peques a las vacaciones de verano) sino también porque pasamos de una casa con jardín (un jardín precioso) en medio de la naturaleza de un chiquipueblo a un piso casi en el mismísimo centro de la ciudad.
El niño nº 3 nos sorprendió un día preguntando que dónde estaba el jardín para poder hacer sus pompas.

Las ventajas de vivir en el centro de la ciudad es que todo está a mano. El cole está cerca, el peluquero, el supermercado, una tienda de comidas para llevar, restaurantes, la zona de "marcha" y hasta el Corte Inglés. Así que, necesites lo que necesites está a un paso y eso, como novedad, mola.

Aún estamos descubriendo el barrio, ver que comercios pueden sernos útiles, elegir parque preferido o adivinar que linea de autobus nos conviene más.

A los cuatro o cinco días ya teníamos casi todas las cajas listas y el resto del tiempo desde entonces ha supuesto hacer trámites como pedir horas a las revisiones de los peques que tenía pendientes, al oftalmólogo después de que el nº 3 le rompiera las gafas al nº 4 (con el consiguiente disgusto), buscar un despachito en plan coworking para que el Sr. Educando a cuatro pueda trabajar pues en casa ya no hay sitio material para un despacho, echar un ojo a los gimnasios de la zona, apuntarnos a la lista de espera para natación en la piscina municipal, etc...

La verdad es que estoy agotada. Llevo unos cuatro días durmiendo cuan marmota y es que creo que ahora me está saliendo todo el cansancio que llevo acumulado de todo el mes de estress, logística y también trabajo físico (mucho).

Y es que la mudanza yo la empecé un mes antes, cuando me vine a Palma para acondicionar el piso que ya había cogido papá en otro viaje espress (bueno, y a otras cosas) y en dos días conseguí un colchón nuevo para los adultos que hace tiempo que quería cambiarlo pero en Francia las medidas estandard son diferentes, un par de camas para los peques que por fin dejan sus cunas/camas. Las conseguí en Ikea y hasta me dio tiempo de montarlas y todo.
Descubrí que el calentador no funciona y tuve que llamar a la casera
Y además aproveché para firmar el contrato con los inquilinos de mi piso (que cruzo los dedos para que estos, los terceros sean medianamente decentes), pedir la reincorporación a mi trabajo, pedir varios presupuestos, y hasta ir a la cena para celebrar que hace 20 años que salí del instituto. Un montón de cosas.
Al llegar ya me puse a saco a hacer cajas y desmontar muebles, etc...ç
En teoría tenía que ayudarme el niño nº 1 que con sus 16 añazos tiene más fuerza que yo y está más preparado para desmontar muebles.
Tenía que haber hecho un stage (como unas prácticas laborales de dos semanas) justo en esas fechas pero como tampoco había buscado nada y total se iba a ir y no iba a poder hacer la exposición final con los resultados le dijeron que casi que no importaba que lo hiciera. O eso nos dijo porque después nos enteramos que los profesores no habían dicho ni pio y que casi había sido idea suya (ejem, ejem).
No me iba del todo mal tampoco, porque, como ya digo, así podría ayudarme con la mudanza pero cuando tienes que discutir con él todos los días hasta para que se levante porque en realidad el no quiere ayudar (que es muy cansado) pero si que quiere mudarse yo acabé agotada.

Mientras tanto papá se vino para Mallorca para terminar de acondicionar la casa y el coche (que estaba aquí) y prepararlo todo para que le mandase a los niños.
Cuatro días después le mandé a todos en un avión con los consecuentes nervios, llamadas de teléfono desde la cafetería del aeropuerto hasta que recibí el mensaje de texto establecido de que ya estaban todos sentados en el avión correcto rumbo a Mallorca.
Recepción una hora después por papá en destino y pude volver a respirar.
Pero ahora sí, me quedaba sola, solita en Francia para terminar de empaquetar lo último. Despedirme de la gente y del chiquipueblo y echar de menos a los que ya se habían ido y a los que dejaba allí (todo a la vez).

Cuatro días después entregaba las llaves de lo que había sido nuestro hogar estos casi cuatro años y ponía rumbo a una nueva etapa.

¿He oído mudanza? ¡Corred, insensatos!


martes, junio 23, 2015

Vuelvo

Vuelvo,  con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas de la vergüenza de haber desaparecido estos meses pero vuelvo.
Agradezco a todos lo que me habéis mandado mensajes aquí o en las redes sociales. No tengo excusa.
Esa es la verdad, no tengo motivos claros para haberos abandonado tanto tiempo.
Podría decir que fue el viaje que hicimos a Italia durante las vacaciones escolares de los niños a finales de abril, que me dejaron agotada, pero no fue para tanto.
Podría decir que fueros los preparativos del 16 cumpleaños del niño nº 1  que me tuvieron ocupada, pero no es verdad (se lo montó por su cuenta).
Podría decir también que las funciones, exposiciones y exhibiciones de los niños para fin de curso me tenían absorbida y la verdad es que un poco sí. Tener que pensar regalitos para las profes, diseñar y realizar disfraces y preparar tortillas de patata es lo que tiene pero podría haber sacado tiempo para escribiros.
Incluso podría decir que ha sido el calor y el buen tiempo que nos ha llenado la agenda de cosas por hacer pero no ha sido así. Hemos tenido un tiempo espantoso y fresquito hasta hace apenas una semana que por fin he podido ponerle pantalones cortos a los niños.
¡Pero que semana, casi morimos!. Pasar de 15 a 35º en un día y medio casi acaba con nosotros, pero sobrevivimos.
La verdad es que el motivo principal que me ha tenido apartada del blog es que, como dice el título...¡VUELVO!. No solo aquí, sino también a mi isla.. ¡Nos repatriamos!.
Ya os conté aquí que nos lo estábamos planteando y las dudas y los miedos que eso me generaba.
Finalmente decidimos que este era un momento tan bueno como cualquier otro, que en todo caso tampoco quería quedarme para siempre en Francia y retrasarlo más solo lo haría más complicado a medida que mis niños mayores (y nosotros mismos) fueran echando raíces.
La presión de que la mitad de mi familia lo estuvieran deseando (la niña nº 2 se encuentra dividida  y el nº 4 no sabe ni de lo que le hablan) ha tenido algo que ver.
Desde entonces estoy un poco colapsada, no solo por la logística que implica buscar casa, colegio, cuadrar fechas, hacer cajas (sobretodo hacer cajas), sino también despedirme de los amigos, de los lugares, arreglar papeles que pueda necesitar, avisar a las profes, hacer revisiones médicas y pasar tiempo con los amigos a los que tardaremos en volver a ver.
Si sospecháis un poco ya, después de estos años de cómo soy, no os importará que os explique que estoy de los nervios.
La mudanza y su preparación no me ocupa tanto tiempo  ni tantas energías como lo que paso pensándola.
El Sr. Educando a Cuatro hizo una escapada express a mediados de mayo para conseguir casa y menos mal porque así, en mi cabeza ya tengo los muebles colocados, descartados los que no me caben, elegidos los nuevos que quiero comprar y hasta las cortinas seleccionadas.
Cambiamos una casa grande con jardín delante de un río en el chiquipueblo por un piso en el centro.
Tendré que desprenderme de muchas (pero muchas) de mis cosas y muchas de mis rutinas.
Esperamos que el cambio sea siempre a mejor (obviamente) pero mentiría si dijera que no voy a echar muchísimo de menos Montauban: Sus ríos, su verde, sus ferias bio, sus tumbonas en la plaza, que los niños jueguen en el jardín, la canguro que los niños adoran, el tomarme un mojito delante del canal, el pato, el café de los miércoles, los macarons, los amigos que hemos hecho aquí y hasta puede que eché de menos a los franceses. (Jejeje).

Seguiré por aquí (como pueda pero seguiré) pero ya desde la chiquiisla. Nos vemos!!!


lunes, abril 13, 2015

Cuando el pasado te encuentra.

Cuando cumplí 14 años me tocó tomar la primera decisión importante de mi vida como a casi todo el mundo de mi generación. ¿Qué debía hacer una vez terminada la EGB?.
La verdad es que no hubo mucho que decidir. Mis padres ya habían decidido que haría BUP cuando apenas estaba aprendiendo a hablar y hacia ahí habían dirigido siempre mis pasos. Una profesora, además, se encargó de convencer a mi madre de que me metiera en un colegio privado supongo que alertada por los miedos de mi madre de que me juntara con malas compañías y me "torciera".
Yo, que venía de un colegio humilde y "barriobajero" ir a un colegio privado representaba demasiado cambio y no estaba dispuesta. Los valores morales eran diferentes en un colegio que en otro, las cualidades apreciadas distintas y hasta la manera de relacionarse era diferente.
Reconozco que no empecé en ese colegio con demasiada buena actitud. No quería ir y me había formado un montón de prejuicios que desgraciadamente resultaron ciertos. Mi clase estaba llena de empollones, peloteros, hipócritas y materialistas que con mis 14 añitos me parecía lo peor de lo peor. Y así me lo había enseñado siempre en mi otro colegio.

Siendo justos, diré que ellos (sobretodo ellas) tampoco me lo pusieron fácil. Yo era demasiado diferente a ellos  y cuanto más se notaba más orgullosa estaba yo de que fuera así y más distancia se creaba entre nosotros.
Me daba vergüenza ajena oírlas como se criticaban (destriparlas más bien) unas a otras a las espaldas y después se daban dos besos con su mejor cara.
Se me revolvía todo oírles hablar de injusticias y después no tener narices de decir nada y mucho menos de hacer nada.

Visto desde la distancia no creo que fuera la estrategia adecuada pero era demasiado rebelde y demasiado incorformista para que hubiera sido de otra manera. Entendedme, tenía que rebelarme contra el mundo!!!.


Evidentemente no me integré. Me esforcé en hacerme un mundo aparte de esas paredes. Cada día maldecía el tener que estar ahí. Cada principio de curso rogaba a mis padres que me cambiaran de colegio sin éxito. El día que, por fin acabé COU me juré a mi misma que no volvería a poner un pie ahí y lo cumplí. Ni siquiera fui a buscar el título.

Solo hice un par de buenos amigos pero el que siempre me hubiera llevado mejor con chicos que con chicas solo fue un obstáculo más. Ellas me veían como competencia directa y ellos, a veces, malinterpretaban mi amistad. Las pocas amigas que hice se aprovechaban de esa amistad para acercarse a ellos, así que nunca las vi como amistades sinceras (cosas que hacían las adolescentes).

Con el tiempo aprendí a poner distancia, a disimular esas amistades y a manejarlo, pero a medida que ellos fueron echándose novias yo fui perdiendo amigos por el camino. Algunos de ellos muy buenos.

Ahora miro hacia atrás y lo veo diferente. Quizás tendría que haber sido más receptiva y aceptar más su forma de ser con todos sus defectos y sus virtudes (que seguro que algunas tendrían, jajaja), quizás tendría que haber hecho un esfuerzo por integrarme, quizás tendría que haber aprovechado más mi estancia ahí y haber aprendido algo.
Ya no se puede cambiar.

De la mayoría de ellos no volví a saber nada, entre otras cosas porque no quise. Con algunos sí que mantuve un poco más el contacto hasta que la vida, las circunstancias y, como ya digo, las parejas nos separaron.

En los inicios de facebook, con todo su aluvión de reencuentros volví a tener noticias de algunos y se llegó a organizar alguna cena para reunirnos todos a la que no fui.

Pero ahora, que hace 20 años que salimos de ahí se ha puesto en contacto conmigo la única persona que podría revolverlo todo, el único que hizo que no deseara que ese colegio se derrumbara y me dice que lo van a celebrar, que van a hacer una super fiesta y que quiere que vaya, que me ha echado de menos.

Yo no puedo ir, me pilla un poco lejos pero llevo desde entonces con la cabeza en otro sitio, en otra época, rebuscando entre mis fotos, investigando por facebook, reviviendo recuerdos que creía olvidados, acordándome de caras que apenas me suenan y echándolo todo un poco de menos.

Que duro es todo cuando el pasado viene y te da un bofetón en la cara así, sin avisar,  ¿no creéis?


( Y esta soy yo por aquella época). 





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